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10/02/2019 :: Nacionales PP.Catalans

Ni Catalunya es Eslovenia, ni España la desaparecida Yugoslavia

x Antonio Torres
Frente a un sector pro-OTAN-UE, los conocidos como CDR conforman una amplia masa social del independentismo catalán, de carácter antifascista, obrero y popular

 “Vía eslovena”, este término no ha parado de ser nombrado por los diferentes actores en el conflicto político que enfrenta al Estado Español posfranquista con el movimiento nacional catalán independentista. Sin embargo, salvo determinados analistas, esos diferentes actores políticos poco nos han explicado sobre qué querían decir. Por el lado del movimiento independentista catalán se aludía vagamente al proceso esloveno en el sentido de copiar la táctica de la congelación de los resultados del referéndum y proclamar la independencia posteriormente, cuando el momento fuera propicio; del lado nacionalista español, las reacciones rozaron lo brutal y lo grotesco, haciendo alusión a un etnicista Quim Torrasediento de sangre y apelando a la denominada Guerra de los Diez Días que enfrentó a las milicias eslovenas y al Ejército Popular Yugoslavo (JNA, siglas en serbocroata). También, del lado catalán, se hicieron alusiones desafortunadas y cargadas de serbofobia sobre una posible “vía serbia”, refiriéndose a la represión desplegada por el Gobierno español en Catalunya, y que demuestran la asimilación de esquemas y visiones difundidas por los grandes medios de comunicación occidentales sobre los diferentes conflictos que sacudieron a la antigua Yugoslavia, especialmente en la adjudicación de roles y papeles, como si de un guión de Hollywood se tratase.

Aunque el proceso de independencia esloveno no revistió ni la complejidad ni la gravedad que sí caracterizó a los sucesivos conflictos croata, bosnio y kosovar, este último con una secuela en 2001 protagonizada por nacionalistas albaneses del UÇK en Macedonia, lo cierto es que las peculiaridades del proceso que llevó a la independencia de Eslovenia en poco se pueden asimilar a lo que ha ocurrido, está ocurriendo y presumiblemente podrá ocurrir en Catalunya. Asimismo, asimilar España, el Estado Español, a la antigua Yugoslavia, o como se llegó a hacer, a Rajoy con el dirigente serbio Slobodan Milosevic es incurrir en simplificaciones que dicho popularmente mean fuera de tiesto. En el colmo de esa confusión, por supuesto interesada, el propio Quim Torra también ha sido comparado por el historiador Benoît Pellistrandi con Milosevic, sin lugar a dudas el rol ideal de maldad nacionalista etnicista balcánico.

Como hemos dicho, la complejidad y, sobre todo, peculiaridad del proceso de independencia esloveno nos puede hacer pasar por alto algunos elementos a la hora de compararlo con la lucha de liberación catalana- Sin embargo, a riesgo de poder incurrir en algún olvido determinante procedemos a un necesario análisis.

El referéndum de autodeterminación esloveno

El 23 de diciembre de 1990 las autoridades de la República ex Socialista de Esloveniaconvocaron un referéndum de autodeterminación en el que la participación fue del 93,3% y los votos favorables a la independencia alcanzaron el 94,8%, lo que equivalía al 88,5% del censo. Aquí tenemos la primera gran diferencia, a pesar del desacuerdo del gobierno federal yugoslavo y de considerar el referéndum ilegal, los eslovenos pudieron votar en paz y sin violencia. Sin embargo, del 1 de octubre de 2017 podemos recordar urnas y a gente votando, sí, pero también violencia y brutales cargas policiales que impidieron ejercer el derecho al voto. Es curioso como desde Eslovenia se encargan de recordar que su caso es diferente al catalán porque ellos –los eslovenos- hicieron frente a un Estado –el yugoslavo- no democrático, pero como hemos dicho antes, la supuestamente no democrática Yugoslaviapermitió el voto, el supuestamente democrático Estado Español no. Fundamental y a tener en cuenta: la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY) reconoció en todas sus constituciones el derecho de autodeterminación, si bien siempre estuvo latente la polémica sobre el sujeto de derecho, es decir, si este derecho correspondía a las diferentes Repúblicas o a los llamados pueblos constituyentes, por ejemplo, serbios en Croacia o Bosnia, croatas en Bosnia, albaneses en Kosovo, húngaros en la Vojvodina, etc. A diferencia del gobierno esloveno, el parlamento catalán no pudo desarrollar las leyes de desconexión porque la represión cayó fulminante sobre las instituciones catalanas con su punto álgido con la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española

La preparación de un Estado independiente

Puigdemont y el gobierno catalán de entonces, siguiendo el precedente esloveno, decidieron congelar la proclamación de independencia, pero mientras el gobierno esloveno diseñó minuciosamente la arquitectura y el diseño de un Estado independiente preparando un cuerpo legislativo que permitiera el funcionamiento del futuro Estado independiente, el parlamento catalán no pudo desarrollar las leyes de desconexión porque la represión cayó fulminante sobre las instituciones catalanas con su punto álgido con la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española, la detención del gobierno y de miembros del parlamento catalán, el exilio por otro lado de parte de éstos así como de otros políticos independentistas.

Volviendo al caso esloveno, la congelación de la proclamación de independencia sirvió para la preparación del futuro ejército esloveno que se enfrentaría al Ejército Popular Yugoslavo en la Guerra de los Diez Días. Las diferentes repúblicas yugoslavas poseían sus propias milicias populares, las llamadas Defensas Territoriales (TO, siglas en serbocroata), inspiradas en la experiencia partisana comunista durante la Segunda Guerra Mundial, y que fueron concebidas como un pilar fundamental de la defensa de la Yugoslavia socialista frente a un enemigo exterior. A finales de los 80 y principios de los 90 con las tensiones nacionalistas a flor de piel en KosovoEslovenia y Croacia, el Ejército Popular Yugoslavo introdujo una nueva doctrina de defensa que contemplaba la centralización y el desarme de las TO. El esfuerzo del gobierno esloveno se dedicó a dejar sin validez práctica la decisión del JNA y a la adquisición de armas en el extranjero.

Como anécdota significativa, el experto analista en las sucesivas guerras de la ex YugoslaviaFrancisco Veiga en su libro La fábrica de las fronteras. Guerras de secesión yugoslavas 1991-2001, cuenta cómo en una reunión entre los gobiernos esloveno y croata para coordinar sus respectivos planes de independencia, el dirigente croata Franjo Tudjman quedó en ridículo cuando los eslovenos expusieron con precisión sus planes a lo que Tudjmanrespondió que también ellos tenían ya diseñada la independencia con todo lujo de detalles, siendo desmentido por miembros de su propia delegación. Mientras los eslovenos no dejaron nada a la improvisación, los croatas se dejaron llevar por aspectos meramente simbólicos y por resucitar la parafernalia nazifascista Ustacha de la Segunda Guerra Mundial.

La Guerra de los Diez Días

Y llegó el 25 de junio de 1991, el gobierno esloveno proclamó la independencia un día antes de lo establecido en sus propias leyes de desconexión. En realidad, como conflicto armado, no duró diez días. Volviendo a Francisco Veiga, esta vez con su libro Slobo. Una biografía no autorizada de Milosevic, se trató de “tres días de enfrentamiento intenso, dos días de tregua, dos días de lucha y tres más de cese al fuego”. Como veremos más adelante, Eslovenia se enfrentó a un Ejército Popular Yugoslavo y a una propia Federación en proceso de descomposición; aunque existía el consenso en hacer frente a la proclamación de independencia eslovena por parte de las diferentes instituciones federales –no así por parte de las instituciones serbias-, especialmente el Ejército, el caso es que habían discrepancias importantes en el cómo, empezando por la propia cúpula militar yugoslava, donde existían sectores contrarios a una intervención militar hasta aquellos proclives a un golpe de Estado, pasando por quienes estaban a favor de una intervención militar mínima, como así ocurrió.

¿Se imaginan, ya que se llegó a comparar a Rajoy con Milosevic, al ex dirigente español negociando con Puigdemont la independencia catalana?, ¿o a Pedro Sánchez con TorraAnte Markovic, negoció la paz con los dirigentes eslovenos bajo la mediación de la entonces Comunidad Europea

El JNA sufrió un mayor número de bajas frente a unas milicias eslovenas con un armamento más moderno, más ágiles, y sobre todo, más motivadas. A la vez, las autoridades eslovenas supieron vender, gracias a los medios de comunicación occidentales, la imagen de un ejército invasor yugoslavo que quería destruir la joven democracia eslovena, que nadie olvide el contexto de principios de los 90.

Al respecto, hay que tener en cuenta que el JNA todavía se sentía heredero de Josip Broz, Tito, del socialismo autogestionario, de aquellos partisanos comunistas que hicieron frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial; para muchos cuadros militares del JNA era inconcebible actuar contra el pueblo esloveno, contra un pueblo yugoslavo, sin olvidar que en el propio JNA habían también eslovenos. En definitiva, se tenía la sensación de que la función del JNA no era la de enfrentarse a un pueblo hermano sino defenderse de un enemigo exterior.

Negociación

Frente a la serbofobia de sectores del independentismo catalán con su apelación a la llamada “vía serbia” supuestamente represiva, lo cierto es que dirigentes serbios y eslovenos negociaron la independencia. Milosevic y los dirigentes serbios eran ya conscientes de que Yugoslavia se descomponía, es más, también fue responsabilidad de esos dirigentes serbios, Milosevic incluido, la descomposición yugoslava, apelando también a un nacionalismo serbio y a un victimismo sobre el maltrato histórico que el pueblo serbio había recibido de Tito. ¿Se imaginan, ya que se llegó a comparar a Rajoy con Milosevic, al ex dirigente español negociando con Puigdemont la independencia catalana?, ¿o a Pedro Sánchez con Torra?

El por entonces presidente yugoslavo, el croata Ante Markovic, negoció la paz con los dirigentes eslovenos bajo la mediación de la entonces Comunidad Europea, dando lugar a los acuerdos de Brioni, que suponían el reconocimiento de la independencia eslovena. No busquen a ningún Ante Markovic en el Estado Español, es inútil.

La naturaleza del movimiento independentista esloveno

El movimiento independentista esloveno era amplio y comprendía tanto al grueso de la dirigencia de la Liga Comunista de Eslovenia, con su dirigente Milan Kucan a la cabeza, como a diferentes movimientos sociales y “contraculturales” que fueron surgiendo a finales de la década de los 70 y principios de los 80. Era un movimiento que identificaba la lucha por una democracia –por supuesto, una democracia capitalista y occidental- con la lucha por la independencia nacional. Abandonar Yugoslavia con toda su mitología guerrillera antifascista y comunista, dejar atrás los Balcanes, y abrazar a una Europa y a un Occidente capitalista, fue una obsesión para los dirigentes independentistas eslovenos; obsesión que ocultaba la necesidad de la burocracia de la Liga Comunista, así como de los gerentes de las grandes empresas, es decir la élite política y económica, de abandonar una Yugoslavia endeudada hasta las cejas con el FMI, y sin futuro; en definitiva, deshacerse de aquellas repúblicas y regiones autónomas yugoslavas atrasadas económicamente y que desde la perspectiva eslovena se contemplaban como un lastre para una Eslovenia próspera y, que sin duda, sería más próspera aún dentro de la por entonces Comunidad Europea y de la OTAN.

Por supuesto, en el movimiento independentista catalán existen importantes sectores proatlantistas y deseosos de que la Catalunya independiente forme parte de la Unión Europea; también sectores que están firmemente convencidos de que Catalunya se ha de deshacer de esos territorios empobrecidos del Estado Español, como Andalucía, y que suponen un lastre económico. Sin embargo, esos sectores conviven con otros que tienen una concepción muy diferente de la independencia y la soberanía nacional, que contemplan la soberanía como un instrumento político para la transformación social radical, sectores antiimperialistas que son conscientes de que una Catalunya verdaderamente libre y soberana estará fuera de la OTAN y la Unión Europea, estableciendo unas relaciones internacionales fuera de los criterios del Imperialismo. Sectores que no contemplan al resto de pueblos del Estado Español, especialmente los más empobrecidos, como un lastre sino como pueblos hermanos del catalán.

Volviendo al caso esloveno, aunque el independentismo esloveno tuvo ese aura de europeísmo excluyente, que intentaba forzar la cercanía de la cultura eslovena con la alemana, o que coqueteaba con la simbología nazi frente al antifascismo yugoslavista, no llegó en todo caso a los extremos y al descaro del racismo y del odio étnico del movimiento croata. A pesar de todo ello, se dio un caso significativo, el de “los borrados”: cuando Eslovenia se independizó, 200.000 personas de otras repúblicas vivían en su territorio; el 26 de junio de 1991recibieron un ultimátum de seis meses para registrarse legalmente. Unos 170.000 se legalizaron, 12.000 se fueron y los 18.000 que no se presentaron fueron borrados sin previo aviso. Muchos descubrieron su inexistencia al ir a renovar un carné de conducir o de identidad. El caso de “los borrados” fue un claro intento de crear un Estado étnicamente puro, como llegó a denunciar hasta Amnistia Internacional. No fue hasta 2010, 19 años después de la independencia y a 6 de la entrada de Eslovenia en la UE que el parlamento esloveno pidió disculpas y se promulgó una ley para reparar el daño causado.

Los apoyos internacionales

Nadie, ningún Estado soberano ha reconocido a la República catalana desde su proclamación, ni existe el más mínimo interés en hacerlo. Desde luego, no ocurrió lo mismo con Eslovenia. El apoyo internacional a la independencia eslovena se materializó de diferentes maneras, pero habría de entrada que destacar una: el apoyo al rearme de Eslovenia, destacando AustriaIsraelAlemaniaHungríaBulgariaReino UnidoFrancia e Italia.

Esta cuestión, debido a su extensión y complejidad, ha de ser sintetizada, pero a nadie se le escapa de que existía un interés por parte de determinados Estados imperialistas a favor de la independencia, no solo eslovena, sino de la desmembración de Yugoslavia. Aunque sea de forma superficial, existía no dos visiones encontradas y enfrentadas, como frecuentemente se ha expuesto, pero sí diferencias entre los Estados Unidos, de un lado, y Europa, fundamentalmente Alemania, por otro. Los Estados Unidos en principio en aquellos años no prestaron mucho interés a la cuestión yugoslava o si lo hacían era por si podía afectar al proceso de voladura controlada de la URSS. Además, fueron los años de las tensiones con el Irak de Saddam Hussein y la Guerra del GolfoEstados Unidos dio su respaldo al mantenimiento de Yugoslavia y a las reformas liberalizadoras de Ante Markovic, pero sin mucho entusiasmo. Frente a la postura norteamericana, muchos Estados europeos dieron su respaldo diplomático a la integridad yugoslava, pero por otro lado, sus servicios secretos buscaban la desintegración, dando un apoyo de facto a la independencia eslovena. Alemania no se anduvo ni con hipocresías ni con paños calientes, desde el primer momento alentó y apoyó la independencia de Eslovenia. El objetivo estaba claro: la recolonización de los Balcanes.

La Yugoslavia de la que Eslovenia se quería separar nació fruto de la guerra de liberación nacional antifascista de los diferentes pueblos yugoslavos, nada que ver con una Españamonárquica nacida de una dictadura militar fascista, que fue apoyada por los Estados imperialistas, tanto por las potencias del Eje como por las hipócritas democracias

La cuestión, a pesar de su complejidad, puede ser reducida a algo tan sencillo como el juego de intereses de los imperialistas: si se propone un proyecto político que se pueda asumir e instrumentalizar el reconocimiento político de cualquier nación sin estado está garantizado.

Una Yugoslavia zombie

Por mucho que podamos hablar de la crisis del régimen postfranquista del 78, eso no quiere decir que el Estado Español esté en fase terminal. Para 1989 y 1990, Yugoslavia era ya un muerto viviente. Los intentos liberalizadores y centralistas de Markovic, apoyados por los EEUU aunque de forma poco entusiasta, no dieron sus frutos y chocó con los intereses de las diferentes repúblicas, también de Serbia y Milosevic, no se olvide.

Pero es que Yugoslavia no es España

La Yugoslavia de la que Eslovenia se quería separar nació fruto de la guerra de liberación nacional antifascista de los diferentes pueblos yugoslavos, nada que ver con una Españamonárquica nacida de una dictadura militar fascista, que fue apoyada por los Estados imperialistas, tanto por las potencias del Eje como por las hipócritas democracias. La RFSYnació de la lucha de un partido comunista que si bien en sus inicios no creyó en el proyecto yugoslavo, al que se tachaba de gran serbio y de ser un invento de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial –la Yugoslavia de Versalles-, a partir de los años 30 cambió su posición, de la mano de Tito, de estar a favor de la independencia de los diferentes pueblos yugoslavos a crear una federación de éstos. La RFSY concedió derechos políticos y culturales no ya imposibles en la España franquista sino también en la propia España del 78, entre ellos, el derecho de autodeterminación. En definitiva, España ha sido y es un proyecto de clase de las oligarquías, el yugoslavo lo fue de la clase obrera y de los sectores populares, un proyecto no exento de errores, como la implementación de un socialismo autogestionario, que a pesar de aciertos importantes, fue errático y terminó endeudando a Yugoslavia con el FMI a unos niveles insoportables; o el personalismo omnipresente de Tito. De hecho, su carisma –el héroe de la liberación de los pueblos yugoslavos y de su independencia- y su personalidad jugó mucho en el mantenimiento de Yugoslavia y su fallecimiento, en 1980, fue el pistoletazo de salida de las diferentes tensiones étnicas y nacionales.

Por último, nos gustaría hacer dos consideraciones finales. La primera es la asociación automática de reivindicaciones nacionales como si éstas siempre y en todo caso se pudieran asociar; lo acabamos de ver: los casos esloveno y catalán poco o nada tienen que ver, sin embargo, hay quienes se empeñan en eliminar el análisis concreto de la situación concreta y sustituirlo bien por pura ingenuidad y por la asunción acrítica del relato de los medios de comunicación, o bien, por otro tipo de intereses.

La segunda, relacionada con la primera, es si realmente la reivindicación independentista tiene el mismo sentido independientemente de las circunstancias, es decir, podemos convenir que dadas las circunstancias la única manera que el pueblo catalán tiene de ser soberano es reivindicando un Estado independiente, pero, ¿es eso valido siempre? Vayamos otra vez a Eslovenia o al conjunto de Estados nacidos de la desmembración de Yugoslavia, ¿son ahora más soberanos o lo eran más cuando formaban parte de la RFSY? El formalismo de constituir un Estado independiente no siempre asegura un poder soberano real. Por otro lado, el ansiado sueño esloveno de la prosperidad europea no ha sido tal, a pesar de que Eslovenia ha sido la única ex república yugoslava en mejorar su situación -el resto de repúblicas se han empobrecido- ha sido a costa de una absorción de su economía por Alemania.

La yugostalgia, es decir, el sentimiento de nostalgia por la desaparecida Yugoslavia ha crecido sensiblemente en todas las repúblicas, incluida Eslovenia, donde ese sentimiento de nostalgia es del 45%.

El movimiento nacional catalán habrá de seguir su camino, ajeno a vías muertas, si de verdad quiere ser libre, soberano e independiente.

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