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04/09/2014 :: Nacionales PP.Catalans

Proceso soberanista catalán a fondo ( I y II partes )

x Endavant (OSAN)
Debe ser tarea urgente de la izquierda independentista la elaboración de una hoja de ruta para la construcción nacional de los Países Catalanes

El documento que viene a continuación, que debido a su extensión será publicado en dos partes (hoy y mañana) es el análisis de la organización socialista  para la liberación nacional catalana (Endavant – OSAN) en torno al proceso soberanista catalán, las razones de su surgimiento, la composición del independentismo actual y qué papel están jugando la clases sociales en todo ello. Las perspectivas para el cambio social, objetivos, etapas y líneas de actuación de la izquierda independentista catalana para los próximos meses clave donde está convocado el famoso referéndum del 9 de noviembre. La traducción puede contener algún error ya que se ha realizado con herramientas online y ajustes manuales. BGD!

EL PROCESO SOBERANISTA Y LA IZQUIERDA INDEPENDENTISTA

-Los objetivos fundamentales de la izquierda independentista
-¿De dónde viene el actual proceso soberanista?
-¿Cuáles son las características del independentismo mayoritario hoy en día?
-El papel de las élites económicas

-Perspectivas de cambio social
-El proceso soberanista y los Países Catalanes
-Objetivos, etapas y líneas de actuación en los próximos meses

Los objetivos fundamentales de la izquierda independentista

El objetivo final de la izquierda independentista es la independencia, el socialismo y el feminismo en los Países Catalanes. Es decir, la constitución de un estado independiente que englobe el conjunto de la nación catalana y la construcción de una sociedad socialista y feminista.

Cualquier actuación política, desde la intervención en una lucha coyuntural hasta las estrategias políticas nacionales o territoriales, debe ir encaminada a la acumulación de fuerzas para poder alcanzar este objetivo final que es la razón de ser de nuestro movimiento. Por tanto, la movilización independentista que actualmente vive el Principado de Cataluña, también es necesaria que la insertamos en esta misma lógica de analizarla e intervenir políticamente con el objetivo de acumular fuerzas y avanzar hacia la consecución de nuestro proyecto político.

Hay que desterrar de nuestros análisis políticas los planteamientos que tienden a distinguir entre objetivos pragmáticos y objetivos utópicos, y que terminan en la práctica estableciendo los primeros como objetivos reales del movimiento.

Plantear que la independencia de Cataluña en el marco de un proyecto político socioliberal el objetivo más posible a estas alturas, y como consecuencia de ello, posponer los objetivos de la izquierda independentista para un futuro lejano, es una error estratégico grave. En la práctica, esto acaba situando la independencia de Cataluña como el objetivo real y los objetivos de la izquierda independentista acaban caracterizados como utópicos y por lo tanto, fuera de la política real.

Lo que necesitamos es intervenir en la actual coyuntura del proceso soberanista no con el objetivo de hacer de coartada a los proyectos regionalistas o socioliberales, sino con el objetivo de hacer avanzar nuestros planteamientos de independencia, socialismo y feminismo para todos los Países Catalanes.

Desde Endavant OSAN creemos que es posible poner en marcha una estrategia política que trabaje de manera decidida en la coyuntura del proceso soberanista y que a la vez trabaje en otras coyunturas en los Países Catalanes manteniendo los objetivos de independencia, socialismo y feminismo.

¿De dónde viene el actual proceso soberanista?

Establecer las causas de esta movilización política llevaría a un análisis bastante complejo y espaciado en el tiempo. Aún así, determinar estas causas ha sido uno de los caballos de batalla para dominar el relato propagandístico a favor de uno u otro proyecto político. Por tanto, es importante que desde la izquierda independentista aportemos elementos por este debate, desde la honestidad intelectual pero también desde la firmeza en la defensa de nuestros postulados, aunque estos puedan colisionar con los postulados actualmente hegemónicos.

Detectamos tres grandes elementos que podemos situar como origen de este proceso político: la crisis del régimen de 1978, el cambio de cultura política de los últimos 15 años y la crisis económica.

La crisis del régimen de 1978

El régimen de 1978 se construyó sobre un pacto entre las diferentes élites, tanto del régimen como de la oposición, que se pudo vender a una mayoría social como beneficioso. Este proceso histórico, conocido como transición, ha acabado siendo cuestionado incluso todo por algunos de los sectores políticos y sociales que fueron protagonistas. Con todo, la transición española es la que ha determinado los últimos 40 años de vida política en la mayoría de los Países Catalanes.

El pacto se basaba en dejar intacto el poder económico y funcionarial proveniente del franquismo a cambio de permitir una participación en el sistema de las principales fuerzas de la oposición, a través de una democracia parlamentaria liberal al uso en Occidente.

Con este pacto, se articulaba una descentralización administrativa que permitiría áreas de poder a las élites territoriales y sería un espacio donde dar salida a las reivindicaciones nacionales.

Este pacto logra un cierto consenso social también entre las bases antifranquistas mayoritarias
en los Países Catalanes- se presentaba como la posibilidad de retomar el hilo democrático de la Segunda República bajo la forma de una monarquía constitucional. Libertades políticas, justicia social y derechos de las nacionalidades.

En el momento en que se comprueba que estos tres pilares tienen unos límites que no permiten el progreso social tal como una mayoría se lo ha imaginado, es cuando el régimen va entrando en crisis. Unas libertades políticas secuestradas por una partidocracia donde ni la alternancia significa ningún cambio. Un proceso de desposesión que cuenta con la incapacidad o la complicidad de las estructuras políticas para revertirlo. Unos derechos de las nacionalidades que son objeto de un proceso de recentralización y limitación.

El cambio de cultura política de los últimos 15 años

A medida que el régimen de 1978 comenzaba a dar muestras de sus límites, y que nuevas generaciones se incorporaban a la acción política y social, se fue produciendo un cambio en la cultura política de algunos sectores de la izquierda de los Países catalanes.

Diferentes luchas sociales, ecologistas, de género y culturales fueron generando cinjuntamente una conciencia de necesidad de cambio global y en profundidad. Un cambio que se podría concretar en la necesidad de construir un país nuevo y libre.

Todo este movimiento, alejado de los espacios centrales de la sociedad catalana, fue tejiendo una densa red organizativa, con una gran extensión territorial, que en una década ha socializado políticamente decenas de miles de personas.

La crisis económica

Aunque el recorte de derechos de los trabajadores y los mecanismos que han profundizado el proceso de despojo ya venían de lejos, el efecto directo y devastador de estos no se ha vivido generalizadamente hasta el estallido de la crisis económica en 2008.

Esto ha supuesto que una parte de la población haya tomado conciencia de la necesidad de un cambio de sistema, y por tanto, de la superación del capitalismo. También una parte aún más amplia considera que es necesario un cambio en profundidad del régimen político. Asimismo, esta crisis ha hecho sentir de manera generalizada sobre la propia vida de las clases populares una acusada depauperación. Asimismo, otros sectores intermedios no directamente afectados por la dureza de la crisis han visto como la sociedad inclusiva de la que hacían bandera se ha desvanecido y está sufriendo un proceso de divergencia entre los más ricos y las clases populares.

La crisis económica no es la causa ni de la expansión de la conciencia independentista ni del proceso de toma de conciencia de la necesidad de un cambio social. estos hechos tienen su causa primeramente en la existencia de una opresión nacional y social contra el pueblo trabajador catalán, y de manera más cercana en un hilo rojo que conecta generación tras generación y que desde 1996 ha encontrado una formulación en una nueva cultura política. La crisis económica que estamos viviendo ha actuado como catalizador de estos elementos.

El vuelco de 2012

El creciente descontento social, el descrédito del régimen de 1978 en su totalidad del estado de autonomías y la expansión de los partidarios de la independencia contrastan en 2012 con el acoso que viven las élites del Principado.

Crecientes protestas sociales que desembocan en una huelga general el 29 de marzo en que los sindicatos oficiales son absolutamente desbordados y la represión policial hace un salto cualitativo. Una CiU con una parte de la base social que cada vez más se está sumando a la idea de la independencia. Un estado central con mayoría absoluta del PP dispuesto a abordar su profunda crisis con mano dura e iniciando un proceso de intervención de las autonomías.

Hay un relato oficial que pretende explicar el actual proceso político como una derivada de la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto de Autonomía en 2010 Este relato viene a decir que ante la incapacidad del gobierno central de acceder a desarrollar la autonomía, se han tenido que reconvertir en soberanistas. Es el relato de los opinadores y políticos de turno, que lo que pretende es legitimar su actuación y sus posiciones desde hace 30 años en este momento político cambiante. Es, sin embargo, un relato falso.

La realidad es que el giro en el discurso político se produce el verano de 2012, cuando el estado central ya no disimula que pretende intervenir varias autonomías en otoño y cuando las cotas de popularidad de CiU se encuentran en sus momentos más bajos. La movilización masiva del Once de Septiembre hace decidir a CiU ponerse al frente de la pancarta para evitar que la protesta le pase por encima.

¿Cuáles son las características del independentismo mayoritario hoy en día?

Es un movimiento socialmente amplio, que abarca desde una parte de la clase trabajadora hasta sectores de la pequeña y mediana burguesía. Su dirección entendiendo como el núcleo que aporta los cuadros intelectuales y organitzativos recae básicamente sobre clases profesionales liberales y funcionariales eminentemente catalanohablantes y generacionalmente avanzadas.

Es un movimiento que hibrida la cultura política del independentismo con un fuerte sustrato autonomista. Esto hace que al lado de la reivindicación claramente independentista y de la asunción de un carácter radicalmente democrático, convivan elementos como la propia restricción de la nación catalana en el territorio de la CAC, la identificación de las instituciones autonómicas como legítimas instituciones nacionales y la consideración de los grandes partidos autonomistas como imprescindibles para cualquier avance nacional.

Es un movimiento que no pretende destituir ni sustituir el actual poder político o económico, sino que pretende presionarlo para que tome decisiones que avancen en el camino de la independencia.

El transversalismo

El transversalismo, como concepto político que pregona y considera posible la unidad de todo el independentismo, es una falacia. Se trata simplemente de la plasmación de la hegemonía política de un proyecto socioliberal y de Cataluña. Las organizaciones de masas que se reclaman del transversalismo son en realidad organizaciones que responden de manera muy fiel a postulados del proyecto político socioliberal.

Para analizar esta cuestión, no podemos basarnos sólo en el conocimiento de grupos importantes de personas que actúan en estas organizaciones y que militan en la izquierda independentista, ni en la mejor o peor receptividad de estas organizaciones en su relación con la izquierda independentista.

De hecho, el éxito de la hegemonía se basa precisamente en el hecho de que es capaz de integrar gente que no responde a su ideología política pero que considera imprescindible esta hegemonía para la consecución de algunos objetivos políticos.

Por otra parte, la relación entre estas organizaciones y la izquierda independentista tiene que ver con múltiples factores. Dinámicas políticas, estructura social, correlación de fuerzas …

Desde Endavant OSAN creemos que es un error que la izquierda independentista avale esta estrategia “transversalista” y considere como una apuesta táctica central su fortalecimiento organizativo y político. Y también creemos que es un error que se intente trasladar esta estrategia en otros territorios de los Países Catalanes.

Esto no quiere decir, sin embargo, que no haya que tener en cuenta estas organizaciones como actores políticos que juegan papeles importantes en la actual coyuntura política. Pero nuestra relación con estas estructuras debe ser la de dos agentes diferenciados y ha de responder a nuestra táctica política para acercarnos a nuestros objetivos políticos, hay que recordar que en última instancia difieren de los de las organizaciones “Transversales”.

El papel de la izquierda independentista

Es obvio que el crecimiento de la movilización independentista no ha sido un fenómeno impulsado fundamentalmente por la izquierda independentista, pero también lo es que la izquierda independentista ha tenido un papel importante.

Si bien no hemos vivido un proceso de correlación literal entre crecimiento de la conciencia independentista y crecimiento de la izquierda independentista la lo que hubiera significado que hubiéramos convertido en la primera o segunda fuerza política, sí es cierto que la izquierda independentista ha podido crecer en este contexto. Un crecimiento que creemos que hay que valorar como enormemente positivo, ya que nos ha permitido tener voz propia tanto en el proceso soberanista como en las movilizaciones de contestación social.

Lo que sí podemos afirmar es que este crecimiento no es fruto de la movilización de los sectores centrales del autonomismo, ya que estos han sido los últimos de incorporarse a la movilización, y a menudo desde posturas forzadas para poder conservar el poder político y la centralidad social.

El papel de las élites económicas

La burguesía del Principado ha sido siempre una pieza fundamental para el mantenimiento de los Países Catalanes en el seno de España. Antes de valorar su papel en el proceso, hacemos un retrato esquemático de cuál es su composición actual.

Los gestores de grandes multinacionales, la clase corporativa, son un sector en alza en el seno de las clases dirigentes que ha desplazado en parte la antigua gran burguesía industrial. Con una enorme influencia sobre las élites políticas en virtud, por ejemplo, de las puertas giratorias, tienen a la vez una fuerte vinculación con el estado. Hay que recordar que muchas de las multinacionales españolas y catalanas más importantes tienen su origen o un momento clave en su desarrollo en el seno del régimen franquista. Esto supone que en muchos casos estas grandes corporaciones sean un amalgama de intereses vinculados a la alta burguesía catalana, a la oligarquía española y los aparatos del estado. Su poder está vinculado al estado por ejemplo, con el rescate bancario o las políticas de infraestructuras o de defensa. Al mismo tiempo deben a este estado su internacionalización especialmente el mundo árabe y en Sudamérica.

Que la clase corporativa haya desplazado en gran medida la gran burguesía industrial, no quiere decir que ésta haya desaparecido. Su existencia continúa ejerciendo un poder clientelista destacable, y sus intereses están vinculados también de forma estrecha el mercado estatal y al estado como estructura de control social y como plataforma de expansión internacional.

Dentro de la burguesía media, que es lo que el poder político suele poner como ejemplo de la Cataluña emprendedora, podemos diferenciar, con todos los matices posibles, dos sectores según su grado de vinculación con el estado. Por un lado, aquellos que como la alta burguesía industrial y comercial, tienen un mercado básicamente estatal y una confianza en el estado como ente que pueda defender sus intereses, especialmente en materia fiscal y de legislación laboral, así como en relación a las normas europeas. Por otra parte, aquellos sectores menos dependientes del mercado español, con una producción enfocada a la exportación y políticamente más cercanos al poder
autonómico.

No podemos considerar la pequeña burguesía como integrante de las clases dirigentes. Su peso social viene determinado básicamente por la cantidad de miembros, pero no para ningún elemento cualitativo que le infunda un papel dirigente. Esta es la diferencia con la alta y media burguesía, numéricamente muy reducidas pero con una posición socialmente dominante. Aunque ideológicamente la pequeña burguesía está todavía bastante subordinada a la hegemonía ideológica de la gran burguesía, el actual contexto social y político sitúa sus intereses objetivos mucho más alineados con el pueblo trabajador catalán.

Las actitudes políticas de las élites económicas

Mientras que la clase corporativa y un sector de la alta burguesía han vivido los últimos 15 años muy vinculados a los réditos del del último ciclo de expansión capitalista y en consecuencia, muy cercanos al poder político estatal, la burguesía media, y algunos sectores de la alta burguesía, iniciaron a principios de los años 2000 una serie de movilizaciones para reclamar una mayor parte en el reparto del pastel presupuestario estatal.

La modernización del estado y la entrada en la UE eran uno de los objetivos clásicos de la burguesía del Principado. Esto, sin embargo, supuso una pérdida del peso específico de la burguesía del Principado en el seno del poder estatal, especialmente en el caso de la burguesía media.

Aparecieron nuevos polos económicos en Madrid, País Valencià que competían con el Principado para el reparto de la extracción fiscal. De repente, el llamado expolio fiscal en el Principado similar numéricamente al que sufren el resto de los Países Catalanes, dejó de retornar peso político a la burguesía principatina.

Es en todo este proceso en el que se ponen en marcha una serie de reivindicaciones que básicamente están relacionadas a la mejora de las inversiones en infraestructuras. una mejora que puede venir dada o bien a cuenta de los presupuestos estatales o bien a cuenta de una mejora de la financiación de la Generalitat. Esta última vía es la que se explorará primero con la reforma del estatuto y después con la propuesta de pacto fiscal.

El movimiento independentista mayoritario a partir de 2009, aunque tomará estos “agravios”, tiene unos orígenes, como ya hemos visto, diferentes. Asimismo, el hecho de que la burguesía haya asimilado sus intereses a los intereses nacionales y, por tanto, se haya envuelto con la bandera en la defensa de este pacto fiscal, esto no presupone ni mucho menos que esta clase social ahora pretenda erigirse en cabecera de un movimiento de liberación nacional.

El expolio fiscal y la infrafinanciación de las administraciones autonómicas y locales es una realidad que tiene su origen en la configuración del propio poder estatal y en un diseño centralista de la administración y que también afecta de una manera determinante los intereses de las clases populares. Ahora bien, la forma como se ha concretado la reivindicación atiende a los intereses de la burguesía. Una reivindicación focalizada en la necesidad de inversión en infraestructuras y que sólo contempla la parte entre administraciones del reparto fiscal. Una concreción hecha según los intereses de las clases populares situaría como principal la preeminencia de la inversión en servicios públicos y contemplaría también, aparte del reparto de lo recaudado, la reestructuración de la carga fiscal entre las diferentes clases sociales.

Si entendemos la burguesía en su dimensión colectiva y no como una suma de individualidades que hacen o insinúan ciertos pronunciamientos, no podemos hablar en ningún caso que esta clase social avale ningún proceso de independencia. Sus principales organismos de representación están por un pacto bilateral la llamada tercera vía, aunque qalgunas organizaciones de la mediana burguesía avalen el derecho a decidir como método para ratificar este pacto. La existencia de círculos de empresarios independentistas no tiene capacidad de modificar esta situación ni presupone ningún cambio de tendencia en el seno de las clases dirigentes.

Si el proyecto de la burguesía es el pacto fiscal y de infraestructuras y en ningún caso avala un proceso independentista, podemos concluir que si el proceso independentista continúa dirigido por unas élites políticas que durante 30 años han estado sirviendo fielmente los intereses de esta burguesía, este tiene prácticamente imposible la opción de culminarse. Por el contrario, el proceso independentista sólo se podrá culminar si se destituye la burguesía principatina de su papel de clase dirigente y se destruye su hegemonía.

II

EL PROCESO SOBERANISTA Y LA IZQUIERDA INDEPENDENTISTA

-Los objetivos fundamentales de la izquierda independentista
-¿De dónde viene el actual proceso soberanista?
-¿Cuáles son las características del independentismo mayoritario hoy en día?
-El papel de las élites económicas

-Perspectivas de cambio social
-El proceso soberanista y los Países Catalanes
-Objetivos, etapas y líneas de actuación en los próximos meses

Perspectivas de cambio social

La voluntad de independencia va asociada en la inmensa mayoría de los casos a una voluntad de cambio a nivel social. Así lo indican todas las encuestas y así se desprende de toda la propaganda independentista. Ahora bien, cambio social no implica necesariamente cambio revolucionario. Las perspectivas de cambio que se desprenden de la gente independentista son diversas y responden a concepciones ideológicas diferentes.

Analizar cuáles son estas perspectivas de cambio, qué viabilidad a medio plazo y qué capacidad de acumulación de apoyos tienen es un elemento importante para diseñar nuestra estrategia política como movimiento.

La perspectiva más mayoritaria de cambio social vinculado al independentismo es la que ve la construcción del nuevo estado como una manera de revertir el actual proceso de conflictividad social, de descrédito político y de crisis económica para retornar a un escenario de estado de bienestar y progreso. Reiniciar un sistema -el estado social y el capitalismo responsable eliminando las malas prácticas y las desviaciones que nos han llevado donde estamos.

Hay otra perspectiva, más minoritaria, que vincula el independentismo en la idea de cambiarlo todo. Es esta la perspectiva impulsada por la izquierda independentista y apoyada a por un número cada vez más importante de los movimientos populares y de la izquierda política. Es una perspectiva de impugnación total del régimen a quien se considera heredero del franquismo, del sistema que se considera incapaz de revertir por sí mismo la tendencia contraria a los intereses populares. Ideológicamente, no bebe de la idea del estado social europeo ensayado con baja intensidad en los Países Catalanes durante los años 80 y 90, sino del hilo rojo que se rompió en 1939, de todo lo que hubiera podido acontecer si el fascismo no hubiera aplastado los anhelos de libertad y transformación social.

Hay un tercer actor en este escenario, el laboratorio neoliberal. Aunque no es un proyecto político con amplias bases sociales, sí es una propuesta bien arraigada entre los cuadros políticos e intelectuales del soberanismo convergente. Su acción se centra en, desde su posición pública privilegiada, intentar influir en el discurso regeneracionista para que éste adopte postulados y discursos neoliberales con el envoltorio de modernidad, ruptura y contracorriente con que acostumbran a presentar estas recetas.

¿Qué sectores sociales están representados?

Todo parece indicar que la perspectiva regeneracionista representa un grueso muy importante de las clases intermedias y también trabajadoras. Esta perspectiva es a la vez más viva en generaciones mayores, que durante años han sido la base social del autonomismo. Es una perspectiva que tiende a la hegemonía ya que actualiza ideas dominantes desde hace décadas como el consenso o cohesión social, el activismo cívico y la democracia formal.

En cuanto a la perspectiva de la independencia para cambiarlo todo, ésta agrupa sobre todo los sectores más movilizados socialmente de las clases populares y es una perspectiva especialmente viva entre la juventud, que es quien sufre de una manera más generalizada, es decir, de entre todos los estratos de las clases populars, el proceso de precarización y falta de expectativas. Es una perspectiva minoritaria que incorpora ideas situadas fuera del campo dominante, como la lucha de clases, la crítica integral al capitalismo o la idea de democracia participativa.

La agudización y la permanencia de los efectos de la crisis económica están marcando una divisoria entre aquellos que consideran que lo que hay hacer es reiniciar el sistema y aquellos que consideran que el sistema es irreformable y que hay que cambiarlo de arriba abajo. Estos últimos, además de tener una visión política más cercana a los postulados sociales de la izquierda independentista, son un sector en crecimiento que cada vez se cree menos las recetas regeneradoras de los partidos parlamentarios tradicionales y de los sectores sociales hegemónicos.

Por lo tanto, desde la izquierda independentista tenemos que trabajar el programa de independencia para cambiarlo todo como una herramienta para organizar las clases populares. Diluir este capital político en pro de opciones más eclécticas o transversales supone por un lado entrar en un terreno donde otros proyectos políticos, los provenientes de la socialdemocracia y el autonomismo tienen todas las de ganar. Es además, renunciar a representar a las clases populares catalanas, especialmente aquellos sectores que viven más directamente los efectos del empobrecimiento.

El proceso soberanista y los Países Catalanes

Como decíamos al principio, una de las principales contradicciones del proceso soberanista es el hecho de que sólo se da en una parte de la nación que el independentismo siempre había reconocido como tal. En este sentido, el proceso soberanista responde a una concepción nacional más propia del autonomismo y de la tradición del catalanismo conservador. Una Cataluña de las cuatro provincias como nación y la no toma en consideración del resto de territorio de los Países Catalanes.

Esto es así porque el proyecto nacional de Países Catalanes es un proyecto minoritario también en el Principado de Cataluña. Por otra parte, si aplicamos al resto de territorios el conjunto de elementos objetivos que explican la emergencia del independentismo en el Principado, nos surge una pregunta clave. Como es que compartiendo la misma coyuntura, sólo se haya dado una respuesta en clave soberanista en el Principado? Creemos que podemos identificar tres elementos que nos permiten explicarlo y al mismo tiempo apuntar líneas de trabajo.

Diferentes niveles y tipos de conciencia identitaria

Toda conciencia nacional se compone de tres elementos que se interrelacionan entre ellos: las identificaciones, las diferenciaciones y el proyecto nacional. Si analizamos cada uno de estos elementos entre los diversos territorios de los Países Catalanes podemos concluir que:

Desde finales del siglo XIX se han ido gestando identidades basadas en los antiguos territorios históricos. La identidad de Valencia, la identidad de cada una de las islas, la identidad catalana entendida como privativa del Principado y con carácter de identidad nacional. Estas identidades se han impuesto, con mayor o menor intensidad, en las identidades provinciales que en muchos casos pretendían desmembrar los territorios histórico han sido complementadas sólo de manera parcial con la idea de una identidad común.

Asimismo, estas identidades se han tenido que relacionar con la idea de la españolidad como identidad dominante. Tanto las identidades isleñas como sobre todo la identidad valenciana se han relacionado de forma mayoritaria desde la idea de complementariedad.

Ser valenciano o mallorquín y a la vez español era percibido como una secuencia lógica. Por el contrario, la identidad catalana privativa del Principado, desde los años 20 del siglo pasado ha mantenido una corriente importante de contraposición entre lo catalán y lo español. Esta contraposición, mantenida desde todo el abanico ideológico, no ha significado hasta fechas recientes la explicitación mayoritaria de un proyecto independentista. Que ser catalán era incompatible o diferente con ser español ha sido durante décadas perfectamente compatible con la idea de que los catalanes y catalanas debemos construir nuestro proyecto en el seno de España.

Finalmente, tal como ya decíamos al inicio de este apartado, el proyecto nacional de Países Catalanes ha sido hasta ahora un proyecto minoritario. El proyecto nacional mayoritario en Cataluña ha sido la consideración del Principado como una nación y su interacción bilateral con el estado de cara a lograr el pleno autogobierno. En cambio, en las Islas Baleares y en Valencia, todos los proyectos que han afirmado una identidad contrapuesta a la española hasta ahora han sido minoritarios.

Sistemas de partidos menos potentes y más subordinados

La configuración del sistema de partidos durante la transición y sobre todo durante la puesta en marcha de las autonomías es diferente en cada territorio. Por diversas causas, el sistema de partidos políticos así como otros organismos de representatividad del País Valenciano y las Islas Baleares, son menos potentes y están más subordinados a las estructuras centrales españolas.

Aparte de un sistema de partidos con una autonomía más débil, también se sufrió la falta de partidos en todos los territorios que consideraran necesaria la construcción nacional. Sólo la izquierda independentista, con todas sus debilidades organizativas y de continuidad, ha llenado este vacío.

Falta de redes nacionales y proyectos compartidos

Durante la segunda mitad de los 70, la idea de Países Catalanes estaba presente en todo el espectro de la izquierda de los diferentes territorios. Todas las organizaciones tenían sus propios proyectos políticos de futuro para los Países Catalanes, desde la cooperación cultural entre territorios hasta la independencia. Asimismo, existía una red de iniciativas sociales y culturales, centrales en ese momento, que eran de ámbito nacional.

La implementación del estado de las autonomías, el triunfo del catalanismo conservador, la operación PSOE de absorción de partidos socialistas y la Batalla de Valencia hicieron que todo este potencial quedara muy tocado.

Esto ha supuesto una dificultad añadida a la hora de extender la adhesión a un proyecto nacional de Países Catalanes y ha supuesto una coartada para aquellos sectores no dispuestos a ninguna tarea de construcción nacional.

¿Cómo podemos interrelacionar el proceso soberanista con la construcción nacional?

De entrada, hay que remitirnos a lo que decíamos al inicio de este texto. Toda intervención política
de la izquierda independentista debe estar insertada en una lógica de ganar los objetivos estratégicos del movimiento: la independencia, el socialismo y el feminismo a los Países Catalanes. En primer lugar, debe ser tarea central de Endavant y de la izquierda independentista elaborar una hoja de ruta para la construcción nacional y llevarla a cabo. Esta hoja de ruta debe contemplar como revertir los tres elementos anteriormente mencionados.

También hay que tener presente que sólo un proceso abierto y rupturista supondrá una aportación positiva a la construcción nacional. Un proceso que no acepte pactos con el estado, que no sea hecho desde arriba y que sea capaz de generar un programa de ruptura atractivo y un contrapoder que se pueda interrelacionar con otras rupturas que se puedan generar a corto plazo en el País Valenciano y las Islas Baleares, generando proyectos y instituciones nacionales.

Hay que trabajar para evitar cualquier escenario de pacto entre élites o de derrota de los postulados independentistas. El primer escenario supondría muy probablemente un redibujado del estado de las autonomías en el que País Valenciano y las Islas Baleares formarían parte de los territorios recentralizados. El segundo escenario supondría dar vía libre al proyecto recentralizador y españolista más radical. Un proyecto que ha demostrado ser muy consciente de la realidad nacional de los Países Catalanes y que por tanto es previsible que focalice su estrategia en desarticular nuestro espacio nacional y atacar los eslabones más débiles.

Objetivos, etapas y líneas de actuación en los próximos meses

objetivos

Duran estos próximos meses, y probablemente años, en que tanto el proceso soberanista como otros procesos de ruptura estarán en el centro del debate político, habrá que marcarnos una serie de objetivos para poder forzar escenarios que den oportunidad materializar nuestro proyecto político. Los objetivos que deben permitir esto son:

Hacer irreversible la crisis del régimen de 1978 en los Países Catalanes.

El proceso soberanista es uno de los retos más importantes que tiene por delante el régimen de 1978, ya que pone en jaque uno de sus principios fundamentales: la indiscutible unidad de España. Junto con este reto, el mantenimiento del bipartidismo y de las estructuras opacas del régimen se encuentra en cuestión en el resto de Países Catalanes.

Para hacer irreversible esta crisis, es necesario que el proceso soberanista despliegue todo su potencial rupturista. Debemos exigir, con todas las consecuencias, la celebración del referéndum y la ejecución inmediata de su resultado. Tenemos que trabajar para conseguir la victoria independentista en este referéndum o para generar una rebelión independentista contra quienes hayan escamoteado la voluntad mayoritaria de realizarlo.

Asimismo, hay que evitar que la crítica al régimen desemboque en una refundación del estado que en lo esencial a la opresión nacional y capitalismo, continúe exactamente igual que los regímenes precedentes.

Aumentar la conciencia nacional y la reivindicación de soberanía popular en todo los Países Catalanes

Confrontar la legitimidad democrática de la voluntad popular con el carácterantidemocrático de España.

Uno de los principales antídotos para combatir la influencia del nacionalismo español en muchos sectores de la sociedad de los Países Catalanes es señalar el carácter intrínsecamente antidemocrático del estado español en sus diversos aspectos. La incapacidad de este estado de cumplir con sus propias leyes y principios constitucionales si estos afectan al poder económico o las esencias del sistema patriarcal, la política recentralizadora que aparte de ser un ataque más contra las naciones sin estado es a la vez un mayor secuestro de la capacidad decisoria, o la razón de estado sin límite para garantizar la unidad de España son elementos fundamentales para trabajar políticamente para confrontar ambos proyectos.

Confrontar el discurso hegemónico de las clases dominantes de los Países Catalanes con la realidad de su sumisión a los intereses del estado.

Uno de los problemas principales que ha habido hasta ahora con el fin de señalar de manera concreta nuestros enemigos de clase y nacionales, especialmente en el Principado, ha sido el juego de espejos que durante décadas ha perpetrado el autonomismo. Las propias instituciones autonómicas han presentado a menudo como un paraguas que protege la población de algunos efectos del estado, escondiendo / justificando así muchas veces su papel activo de aparato político de la burguesía. Por otra parte, el relato de la economía eficiente y productiva ha ayudado a desdibujar unas élites económicas profundamente imbricadas en la estructura estatal y el gran capital español. Finalmente, la percepción de una sociedad más desarrollada y más justa que el resto del estado ha servido de cortina de humo a las profundas desigualdades sociales que en ningún caso se pueden atribuir en exclusiva a causas exógenas. Hay que combatir la hegemonía de la burguesía que se concreta desde hace décadas en caracterizar sus intereses de clase como intereses nacionales o del conjunto de la sociedad.

Crear herramientas de formación y politización

Nuestro movimiento debe ser capaz de crear herramientas que permitan un mayor grado de politización de las clases populares y que hagan de la formación política un valor necesario para la lucha nacional, social y de género. Estas herramientas no deben ser sólo herramientas internas del movimiento, sino sobre todo herramientas con vocación de masas, dirigidas a los sectores más concienciados de las clases populares.

Seguir construyendo la unidad popular

Construir herramientas e instituciones de contrapoder en los Países Catalanes.

El proceso de crisis del régimen de 1978, cuyo proceso soberanista puede convertirse en su verdugo definitivo, abre amplios espacios, consensos y posibilidades en la construcción y articulación de instituciones alternativas y fuera del alcance del estado. Redes de municipios, proyectos cooperativos, federaciones asociativas, foros sociales, organizaciones sindicales, etc pueden llegar a ser vistas por amplios sectores sociales como la semilla de una nueva organización social que ha de nacer.

Los vacíos de poder y la deslegitimación absoluta del estado que puede llegar a suponer tanto el proceso soberanista como otros procesos rupturistas, hacen que esta oportunidad sea aún más evidente. Por tanto, hay marcarse como objetivo que esta institucionalización alternativa que seguro nacerá, tenga un carácter nacional de lo Países Catalanes.

Construir un programa de cambio socioeconómico y feminista tangible para las clases populares.

Uno de los principales éxitos de la actual movilización independentista es que el programa de cambios propuesto es un programa tangible, realizable en un período concreto, y que se ha ido volviendo “inevitable” a medida que avanzaban las movilizaciones. El principal reto para poder materializar el programa político de la izquierda independentista es hacer que esto sea tangible y realizable a ojos de las clases populares.

Hay que construir un programa de cambio socioeconómico y feminista, popularizarlo y hacer que sea hegemónico en el conjunto de las clases populares. El proceso soberanista, junto con otras coyunturas existentes en los Países Catalanes, abren la perspectiva de un posible nuevo ciclo y, por tanto, nos debe permitir desarrollar un proceso de debate, construcción y socialización de una alternativa socioeconómica compartida con gran parte de la izquierda rupturista de los Países Catalanes.

Tejer alianzas a nivel internacional

La causa del pueblo trabajador de los Países Catalanes necesita del apoyo internacional. Tal y como hemos ido explicando en este texto, nuestro proyecto emancipador no es un proyecto que necesitamos vender a los dirigentes de los otros países occidentales como proyecto que no afectará en nada sus intereses. Todo lo contrario, nuestro proyecto emancipador significa invertir los actuales intereses del capitalismo mundial para situar arriba de la pirámide los intereses de la clase trabajadora y de los pueblos.

En este sentido, nuestro proyecto coincide esencialmente en intereses con las luchas de los pueblos del sur de Europa contra la actual ofensiva capitalista y contra la aniquilación de derechos nacionales, políticos y sociales. Este debe ser un campo primordial para tejer nuestras alianzas internacionales.

etapas

Para poder afrontar los próximos meses y aplicar líneas de actuación que sirvan a nuestros objetivos y que a la vez estas se ajusten a la coyuntura concreta, identificamos dos etapas diferenciadas.

Por un lado, la etapa que va desde ahora y hasta la fecha acordada para la celebración de la consulta, y por otro, la que desde finales de noviembre de 2014 hasta las elecciones municipales de mayo de 2015.

De ahora hasta el 9 de noviembre de 2014

Estos meses estarán marcados por la gestión de la prohibición de la consulta. serán, por tanto, unos meses en los que se producirá un pulso político que pondrá a prueba las verdaderas lealtades de los diversos actores del proceso. Un pulso que será en dos direcciones:

De una parte, sobre el uso de la desobediencia y la ruptura con la legalidad española. De la otra, una disputa sobre la capacidad de iniciativa entre las viejas instituciones y los movimientos de calle.

De finales de noviembre de 2014 hasta el 24 de mayo de 2015

En esta etapa es cuando se articularán las distintas iniciativas políticas que responderán a las diferentes lógicas derivadas de lo que haya podido pasar el 9N. Los proyectos políticos que se intentarán construir irán desde un gobierno de unidad de los partidos soberanistas y la gestación de una candidatura unitaria hasta diferentes proyectos autodefinidos como de ruptura, pasando por la voluntad de continuidad de la actual movilización. Asimismo, ante un enfoque muy centrado en las alianzas electorales, habrá una dificultad añadida para poder articular también los espacios de movilización y organización al margen de las instituciones.

También en el resto de Países Catalanes se irán articulando diversos proyectos de continuidad, refundación o ruptura que abordarán todos las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo de 2015 como unas elecciones constituyentes. En este contexto, hay que tener en cuenta las siguientes variables:

Presión del soberanismo oficial para mantener unido bajo el liderazgo compartido de CiU y ERC el proyecto independentista en el Principado.

Gestión de las disensiones internas dentro del soberanismo oficial y sus organizaciones de masas una vez el objetivo común del referéndum haya quedado superado y se tenga que abordar nuevas cuestiones.

Presión del progresismo oficial para integrar en candidaturas antiPP las movilizaciones sociales y las redes asociativas tanto en Valencia como en las Islas.

Capacidad de articulación en los Países Catalanes de otros proyectos autodenominados rupturistas que divergen del proyecto de unidad popular y de la izquierda independentista.

Líneas de actuación

Articular y hacer crecer un movimiento popular es decir, un movimiento autónomo, de las clases populars que responda a la estrategia de conquista de la independencia para todos los Países Catalanes y de un cambio social y político en profundidad.

La campaña “Independencia para cambiarlo todo “es la herramienta de intervención política tanto de la izquierda independentista como de otros sectores que comparten la estrategia de unidad popular, así como de los soberanistas de izquierdas descontentos por la estrategia de renuncia de la actual dirección política del proceso soberanista. Entendiendo sin embargo, que como la acción política de IxCT se circunscribe principalmente allí donde es más vivo el proceso soberanista, se necesitan también otras herramientas para continuar el proceso de construcción nacional ligado al de la unidad popular.

Paralelamente, entre noviembre de 2014 y mayo de 2015 habrá que articular una serie de dinámicas y de movimientos populares para que sean capaces de ir aglutinando el descontento en los Países Catalanes y de transformarlo en un programa político. Este programa político debe tener tanto una importante capacidad de acción en la calle como presencia electoral en las elecciones de mayo de 2015, que pondrán encima la mesa la continuidad del régimen de 1978. Previendo el claro enfoque electoral que habrá en este periodo, será necesario que pongamos los medios materiales y humanos para reforzar la vertiente no institucional de estas dinámicas.

Situar la desobediencia en el centro del proceso soberanista.

Hasta ahora el centro del debate en el proceso soberanista ha sido el derecho a decidir. Es decir, el debate sobre si la sociedad del Principado tenía derecho a poder decidir libremente su futuro político. Paralelamente a este debate, fue surgiendo también el debate sobre como se materializaba este derecho a decidir. En este punto, la divergencia es clara entre aquellos que para conservar su poder de clase niegan ninguna opción rupturista y por tanto condenan la independencia a su no materialización. Y entre aquellos que creen que la soberanía popular está por encima de las leyes vigentes que hay que tener presente que provienen de un proceso refundador tutelado por los poderes del franquismo.

Es necesario que desde la izquierda independentista, desde los movimientos anticapitalistas y desde del independentismo consecuente pogamo sobre la mesa la necesidad de la desobediencia, y lo socialicemos hasta resquebrajar la hegemonía de los planteamientos legalistas.

Todos los cambios sociales, todas las rupturas políticas, han necesitado de una acción de desobediencia para materializarse. Una vez conquistada la hegemonía del derecho a decidir en el seno de la sociedad del Principado, es el momento de conquistar la hegemonía de la desobediencia como instrumento legítimo y eficaz de cambio.

¿Cómo podemos hacerlo para conquistar esta hegemonía?

Desplegar una intensa campaña de propaganda en favor de la desobediencia como instrumento de cambio político y social. Situar la desobediencia como el elemento central a reivindicar en las próximas movilizaciones independentistas.

Situar la desobediencia como el eje de la acción táctica que habrá que llevar a cabo esta otoño de 2014 a medida que se desarrollen los acontecimientos relacionados con la consulta.

Exigir la celebración de un referéndum a toda costa.

La exigencia de un referéndum a toda costa reúne diversos elementos que sitúan en jaque la posición de los sectores dirigentes en este proceso e imposibilitan la reformulación del proceso en una negociación para un nuevo pacto con el estado:

Arrincona las vías legalistas que supeditan la expresión de la voluntad popular en la existencia de elementos legales para hacerlo.

Da protagonismo al pueblo y saca protagonismo del sistema institucional, con todo el cambio que ello supone en cuanto a la correlación de legitimidades.

Para desarrollar esta línea de actuación es necesario:

Trabajar como izquierda independentista en las iniciativas que pretendan socializar la idea irrenunciable del referéndum.

Firmeza de las posiciones institucionales de la izquierda independentista (concejales, alcaldes, diputados) ante posibles maniobras de aplazamiento, reformulación o descafeinización del referéndum, y actuar en consecuencia respecto aquellas instancias “Unitarias” que avalen estas maniobras.

Preparar diversas movilizaciones sociales de presión a lo largo de octubre y noviembre de 2014, para exigir desobedecer una posible prohibición del referéndum por parte del gobierno español.

Si finalmente se pospone / renuncia / reformula en elecciones convencionales la consulta, hay que llamar a la movilización el mismo 9 de noviembre. Las formas en que se concrete esta movilización dependerán de la autoorganización popular que se geste a raíz de esta situación, y somos conscientes de que la izquierda independentista no será la única protagonista. Lo que sí tenemos claro es que hay que evitar que estas movilizaciones sean reconducidas o controladas por organismos alineados con los responsables de la renuncia.

Elaborar una hoja de ruta para la construcción nacional de los Países Catalanes.

Debe ser tarea urgente de la izquierda independentista la elaboración de una hoja de ruta para la construcción nacional de los Países Catalanes. Es necesario, aprovechando la expectativa de ruptura la creación de organismos, redes e instituciones que, abordando la construcción de contrapoder en los diversos ámbitos (institucional, feminista, sociolaboral, ecologista …) sean instituciones nacionales de los Países Catalanes.

 


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