Ante el referéndum del 18 de junio sobre el Estatut de Catalunya: Digamos no a un estatuto contrario a la clase trabajadora y a los derechos nacionales catalanes

1. El referéndum ya ha sido convocado, una vez las Cortes españolas han aprobado el nuevo Estatuto de Autonomía pactado entre Zapatero y Mas. Esta aprobación culmina un proceso donde la participación popular ha sido nula. Han votado a favor del Estatuto socialistas y CiU. Con ellos, también lo ha hecho ICV-EUiA, convertida en subalterna del PSC. La derecha española, heredera del franquismo y partidaria de una mayor centralización de las "Autonomías", ha votado en contra.
ERC, forzada por la presión de las bases, optó por el No en el referéndum y Maragall ha destituido a los seis consejeros de Esquerra y ha anunciado la convocatoria anticipada de elecciones.
2. Zapatero, CiU, Maragall, los grandes empresarios, están muy preocupados por los inciertos resultados del referéndum estatutario. Todas las encuestas dan peores resultados que los del referéndum del Estatuto de 1979. Por ello están decididos a desplegar todos los medios posibles a su alcance, humanos y materiales, en favor del Sí.
3. Los defensores del Sí proclaman que el nuevo Estatuto representa uno "progreso enorme", pero son incapaces de decirnos qué soberanía real gana Catalunya y cuáles son las mejoras que comporta para la clase trabajadora y la juventud. Al final, el gran argumento que les queda es que la Generalitat recibirá más dinero y que así podrá hacer "más gasto social". Pero el nuevo Estatuto ni tan sólo es garantía de una financiación más generosa, sino sólo una promesa en ese sentido realizada por el gobierno central. Y más aún: en el caso de que la Generalitat tuviese más dinero, tampoco eso garantiza que los dedicará a las prioridades sociales. Después de todo, lo que ha sido habitual en los gobiernos de Pujol -y también en el de Maragall- es que los grandes beneficiarios de la acción gubernamental hayan sido los de siempre.
4. El Otro gran argumento de los defensores del Estatuto es que "votar No es votar con el PP". Pero ésta "acusación" ya no tiene que asustar nadie. Este argumento sólo lo usan cuando les interesa: ¿Por qué no lo utilizaron en el referéndum de la Constitución Europea, cuando el PP y Zapatero iban juntos en favor del Sí? Además, por mucho que lo nieguen, saben que el voto No del 18 de junio estará marcado por el voto rebelde, juvenil y popular, de resistencia nacional y social.
5. EL Estatuto es la expresión del nuevo pacto entre el Estado español, representado por Zapatero, y la burguesía catalana, representada por Artur Mas, su portavoz político más genuino. Este pacto Zapatero-Mas desnaturaliza el ya descafeinado proyecto estatutario aprobado por el Parlament el 30 de septiembre. Rubalcaba fue muy claro: el Estatuto ha quedado "limpio como una patena". Por sí quedasen dudas, lo repitió Alfonso Guerra: "se jactaron de que no se cambiaría ni una coma", pero "lo cepillamos como uno carpintero durante la Comisión constitucional". No olvidemos, además, que el proyecto del 30 de septiembre ya proclamaba su respeto a los límites de la Constitución monárquica, daba la espalda a las aspiraciones de la Catalunya trabajadora, renunciaba al derecho de autodeterminación y reconocía a las Cortes Españolas la potestad para hacer las modificaciones que le pareciesen.
6. El pacto Zapatero - Mas (conocido también como "Estatuto de la Moncloa") burla las aspiraciones nacionales catalanas y las reivindicaciones obreras y populares. Ha quedado reducido a una nueva versión del viejo Estatuto del 79, con un cierto incremento de competencias (compartidas con Madrid, como por ejemplo la inmigración), una mejor definición del catalán y la promesa de más recursos y menos déficit fiscal. ¿Alguien ha olvidado que Piqué -antes de que Rajoy le estirase de las orejas- se identificó con el pacto Mas - Zapatero?
7. El "Estatuto de la Moncloa" muestra, por una parte, la incapacidad orgánica del régimen monárquico español para hacer concesiones sustanciales a las aspiraciones nacionales catalanas. Y por otra, los intereses reales de la burguesía catalana: unos intereses nada rupturistas, que se resumen en la búsqueda de un lugar confortable en el capitalismo español, como demuestran los ejemplos de la OPA de Gas Natural, la lucha por el control de la gestión del aeropuerto de El Prat (para después privatizarlo) o para conseguir más recursos públicos para sus grandes negocios de infraestructuras, comunicaciones, enseñanza concertada o privatización de la sanidad. La burguesía catalana necesita del Estado Español para proteger sus negocios y expandirlos a España y al exterior.
8. La multitudinaria manifestación del 18 de febrero tenía por lema "Somos una Nación y tenemos el derecho a decidir". En defensa del derecho del pueblo catalán a la autodeterminación, negado por el nuevo Estatuto, llamamos a votar No.
Sin el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, Catalunya no podrá disponer de su plenitud nacional ni se podrá hablar seriamente de democracia, ni saldar cuentas definitivamente con el pasado franquista. El reconocimiento del derecho a la autodeterminación es la condición básica para la unión libre y fraternal de los pueblos, de aquellos que comparten la lengua y la cultura catalanas y del conjunto de los pueblos del Estado Español.
9. En defensa de los derechos de la clase trabajadora, los grandes olvidados del Estatuto, también llamamos a votar No. El Estatuto no establece ni una sola medida real para poner fin a la masiva precariedad laboral, a las deslocalizaciones, a los bajos salarios, a las pensiones miserables, a la especulación inmobiliaria, a los negocios de la enseñanza privada o a la privatización de la Sanidad.
El derecho a la autodeterminación debe ser un instrumento al servicio de la gran mayoría, inseparable de las reivindicaciones de la Catalunya trabajadora y de la perspectiva de llegar a conseguir la propiedad social de los medios de producción y el socialismo.
10. Llamamos a fortalecer al máximo la Campaña Diguem No, agrupando todas las fuerzas sociales, políticas y culturales contrarias al Estatuto de Zapatero y Mas. Saludamos la Campaña Unitaria per l" Autodeterminació (CUA), firmemente comprometida en esta batalla.
11. Los políticos partidarios del Sí, cuando les fallen los otros argumentos, acaban siempre recorriendo al voto del miedo. Según ellos, "si no gana el Sí, vendrá un caos ingobernable, de lo que se beneficiará la derecha y, por lo tanto, aunque no guste, hay que votar Sí al Estatut". Para esta gente, que goza de una excelente posición social, se trata que las cosas les continúen yendo tan bien como hasta ahora, que no haya conmociones. Aprobando el nuevo Estatut, quieren renovar los pactos de la Transición: aquellos pactos que pusieron fin al franquismo al precio de la impunidad de sus crímenes, de la continuidad de sus principales instituciones y de la negación del derecho a la autodeterminación.
Junto al voto del miedo, está el voto valiente, el voto del No. El voto de la juventud que sufre la precariedad y la falta de vivienda, los bajos salarios, la privatización de la educación, el voto de todos los sector populares hostiles al sistema, que no creen en las promesas de los políticos de una democracia recortada ("lo llaman democracia y no lo es"). Cuando más deslegitimado quede el Estatuto, cuando más votos No se logren, más fácilmente se podrá avanzar en la lucha por la libertad nacional y los derechos de la clase trabajadora, y más próxima estará la ruptura de los pactos de la Transición y el camino hacia la III República.
Barcelona, mayo de 2006
Autodeterminación, República, Socialismo







