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10/09/2018 :: Nacionales PP.Catalans, Pensamiento

Diada nacional de Catalunya: Valoración de la situación política

x Arran
La represión será parte de esta lucha y la mejor manera de hacerla frente es no dejar de luchar

Ahora más que nunca: organización y lucha! Valoración de la situación política actual en el Principado

A las puertas de la diada nacional de Catalunya el 11 de septiembre, y casi un año después del Referéndum del 1 de octubre y las posteriores huelgas generales del 3 de octubre y el 8 de noviembre, así como de todo un ciclo de organización popular y movilización histórico en el Principado, tenemos que encontrar momentos de reflexión para alejarnos de la dinámica tóxica e inmediata de los grandes partidos y medios de comunicación.

El Referéndum se convirtió en una gran muestra del poder popular, pero no fue suficiente para hacer efectiva la independencia a causa del retroceso de unos partidos políticos que eran demasiado centrales en nuestra agenda política y que se basaban en la estrategia “de la ley a la ley “, que en la Izquierda Independentista ya habíamos criticado contundentemente. No podemos dejar pasar esta lección y seguir reclamando absurdamente la implementación de los resultados a aquellos que no lo hicieron cuando tocaba hacerlo y que sabemos, no tienen la voluntad ni la capacidad de hacerlo ahora. Implementar una República sólo será posible de la misma manera que el 1 de octubre: con un pueblo organizado y en las calles. No podemos sólo mirar atrás sino ver y debatir colectivamente qué podemos hacer en adelante, conscientes de que sólo la gente tiene la capacidad de ejercer el mandato del Referéndum.

Siendo conscientes de que la independencia es una revolución y que nunca será alcanzada sin un conflicto largo con el Estado español, no podemos caer en pensar que podremos (y menos aún que los partidos podrán) implementar la independencia con inmediatez. Es por ello que creemos que hoy, exigir la implementación de la República a los partidos, al Gobierno o al Parlamento no tiene sentido y nos desvía de nuestra principal tarea: organizarnos para luchar y ganar. El combate será largo y, en esta carrera de fondo, necesitamos sumar el máximo de gente posible. Es imprescindible que seamos más y que estemos más dispuestas a sostener un conflicto largo y duro.

Pero para sumar, al contrario de pensar en diluir los proyectos políticos en pro de una unidad vacía que sirve a menudo de muleta a los partidos autonomistas y liberales, es necesario que reforcemos que el proyecto político de la independencia esté inequívocamente al servicio de las clases populares. Hay que alejarse al máximo de disputas identitarias y hacer propuestas concretas que realmente nos interpelen a la mayoría de la población. Debemos tejer mayorías amplias a partir de cuestiones que pongan de relieve que la independencia no es una mera cuestión de sentirse de un lado o de otro, sino de la necesidad de romper con aquellos que permiten que nos desahucien, que no tengamos trabajo, que no tengamos acceso a la sanidad, que destruyan el territorio para especular, que nos expulsan de la educación superior, y tantos otros ataques que recibimos todas diariamente. Porque la lucha por la independencia es una manifestación de la lucha de clases en este lugar y momento de la historia, y la clase trabajadora, siempre e irremediablemente, seremos la inmensa mayoría de la población.

Esto no quiere decir que tengamos que marcharnos a casa y esperar. Al contrario. Es ser conscientes de que hay que estar más organizadas que nunca, y que dependerá de nosotros, y no de ningún político o Parlamento vacío de soberanía, generar un nuevo momento clave en el camino de la ruptura con España. Es ser conscientes de que la prioridad política pasa hoy por fortalecer las estructuras organizativas del independentismo popular, hacerlas crecer y dotarlas de un programa político concreto. Pero también es ser conscientes de que no será un camino tranquilo y por eso tienen que ser la mayoría.

La represión será parte de esta lucha y la mejor manera de hacerla frente es no dejar de luchar por los motivos por los que nos aprisionan. Y es que como decíamos el pasado mes de enero, “hay que evitar que las situaciones judiciales de las personas que sufren represión perjudiquen el avance de la lucha independentista”, y eso pasa inevitablemente por entender que la única forma de garantizar la libertad de las presas, el retorno de todas las exiliadas y el archivo de todas las causas abiertas es precisamente conquistando la independencia.

Estos meses hemos visto como España, a través de medios de comunicación, partidos políticos, instituciones judiciales y cuerpos policiales, ha atizado el fascismo, su brazo armado para defenderse de un cuestionamiento del régimen como el que ha supuesto el último ciclo político. Ante el aumento de las agresiones fascistas, debemos tener claro que la estrategia de “dejarles hacer”, “ignorarlos” o “hacer que se queden solos y hagan el ridículo” es absolutamente equivocada: la historia nos demuestra que con el fascismo sólo tenemos la opción de combatirlo, confrontarlo y ahogarlo.

La experiencia del pasado otoño, también nos ha hecho ver de forma clara quiénes son los enemigos de la independencia y del pueblo y por lo tanto, contra quien hay que luchar. Las empresas del IBEX 35 han defendido sus intereses y privilegios, lo que hoy significa defender a ultranza el Estado español, y los organismos supraestatales como la Unión Europea o los Estados que la conforman, se han mostrado absolutamente indiferentes ante la represión contra el pueblo organizado. Ideas repetidas como “el mundo lo verá”, “Europa no lo permitirá” o “España no se podrá permitir perder la credibilidad a nivel internacional” se han demostrado totalmente erróneas. No basta en basar nuestra apuesta estratégica en visualizar las vergüenzas antidemocráticas del Estado, sino que es imprescindible que el independentismo teja alianzas firmes con movimientos populares del Estado y de todo el mundo. La lucha por la independencia hoy, es inevitablemente, una lucha contra una Europa antidemocrática que sólo existe para defender el capital.

Asimismo, hemos visto con el cambio de gobierno en España que la receta para los Países Catalanes bajo dominio español es más autonomismo, seguramente disfrazado de pequeñas mejoras simbólicas que lejos están de satisfacer las necesidades de las clases populares. Por ello es imprescindible que la Izquierda Independentista trabaje para garantizar que no haya ninguna involución en clave autonomista al tiempo que se evidencia que las autonomías son herramientas para trinchar la soberanía del conjunto de los Países Catalanes, la nación entera.

Con todo, saldremos con fuerzas a las calles este otoño; volveremos a hacerlas nuestras . Exigimos el fin de la represión para todos: para los representantes políticos encarcelados pero también para nuestras compañeras represaliadas que han luchado en la calle codo a codo con nosotros y que son a menudo invisibilizadas. Convirtamos el 11 de septiembre, el 1 de octubre y el juicio contra el independentismo en un acto masivo y popular de confrontación con el Estado español y sus fuerzas de orden, cuerpos policiales, partidos políticos, jueces y empresas .

Hagamos de este otoño la chispa que mantenga viva la llama de la revuelta que viviremos!

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