Mira que progre que soy que veo la TV3

Tras la muerte del dictador se gestó en el Estado Español una pequeña burguesía constituída en buena medida por funcionarios- recordemos entre otras cosas la famosa subida de sueldo del PSOE a los profesores-. Como pasa siempre con las clases medias, esta nueva casta social, mediante la pertenencia a la cual fueron reciclados muchos antiguos izquierdistas, se constituyó en un factor determinante de estabilidad social; e hizo que el verdadero izquierdismo pasara a ocupar una situación marginal en nuestro país.
En algunos sectores sociales de los llamados Països Catalans, y en buena medida en el País Valencià, este pseudo-izquierdismo cobró forma bajo la identidad del nacionalismo cultural. Es decir, un nacionalismo “light”, arraigado fundamentalmente en algunos sectores determinados de la pequeña burguesía. Publicaciones como la revista El Temps – que por cierto mantiene una línea prosionista, defendiendo la actuación y las agresiones del Estado israelita en la zona, y que se mantiene principalmente gracias a las suscripciones de las que goza en numerosos institutos de los Països Catalans- se convirtieron en símbolos emblemáticos de determinados sectores progre-nacionalistas mientras que escritores como Ferran Torrent hacían su agosto gracias a que sus libros, auténticos bodríos, eran de lectura obligatoria en institutos, facultades y demás centros de impartición de cursos de lengua catalana en el País Valencia, y mientras que viejas glorias como Raimon mantenían su puesto en el pedestal de la inmortalidad catalanoizquierdista.
Para los componentes de esta pequeña burguesía liberal valenciana, agrupados en torno a organizaciones de distinto tipo, desde grupos nacionalistas como el BLOC y Acció Cultural del País Valencià hasta determinados sectores de la social democracia tradicional (PSOE e IU), conceptos como la lucha obrera y el anticapitalismo son desde hace mucho tiempo nociones altamente ajenas a la vez que, por otra parte, han mantenido en mayor o menor medida vínculos con sus correspondientes referentes a nivel social e ideológicos de Catalunya. La gran presión ejercida por la derecha valencianista contra la unidad lingüística y cultural catalana ha contribuído a fomentar esa idéa imperante en determinados círculos valencianos del carácter progresista del nacionalismo catalanista. De esta forma, para mucha gente todo lo que viene de Cataluña es visto como un avance de las izquierdas o algo por el estilo. Algo ilógico, evidentemente, pues en Catalunya, como en todas partes, hay gente de derechas y de izquierdas. Ahí está el caso, entre otros, de ERC, partido muy bien considerado en algunos colectivos sociales (funcionarios, profesores de universidad, estudiantes, etc...), que, en realidad no es más que un partido que entra dentro del juego del sistema. Por otra parte, la escandalosa manipulación que el PP del País Valencià hace de la televisión valenciana, Canal 9, ha ayudado a fomentar el mito de la TV3, según el cual esta televisión es una televisión diferente, una televisión verdaderamente de izquierdas. Actualmente, a causa del cierre de la emisión de la señal en el País Valencià llevado a cabo por el gobierno peperista de Francesc Camps, este mito parece revivir .
Dejé de ver la TV3 hace mucho tiempo, no porque tuviese nada especialmente en contra de esta emisora, sino por la misma razón que dejé de ver la televisión en general y por la que en estos momentos apenas la veo. Recomiendo encarecidamente la lectura del artículo de Vicenç Navarro, El sesgo neo liberal de la mayoría de las televisiones en Catalunya, incluyendo la TV3, donde el profesor Navarro denuncia la manipulación conservadora y neo liberal de la información en esta emisora y en su segunda cadena, el Canal 33. Vicenç Navarro también denuncia la alianza entre la dirección de la emisora y lo que él denomina “intelectualidad catalana”, un grupo de profesionales de ideología neo liberal, sobre todo economistas, cuyo peso es determinante en el carácter ideológico de las emisiones de ambos canales catalanes.
Esto no significa que en la TV3 y, en especial, en el Canal 33, no se emitan en ocasiones buenos programas. Sin embargo, también se emiten ocasionalmente buenos programas en la 2 de RTVE e incluso en el Punt 2 de la Televisió Valenciana, canales que no gozan de la reputación de la que goza TV3 en determinados ámbitos territoriales y sociales de los territorios catalanes. Con esto volvemos al mito de siempre, el de ser más progresista o más de izquierdas por ser del Barça o por ver la TV3, algo muy extendido en algunas comarcas del País Valencià y de Les Illes; cuando, en realidad, la mayoría de la gente que es del Barça o ve la TV 3 no es ni más ni menos de izquierdas que el común de la población. En ocasiones, esta identidad nacionalista se convierte, como a menudo pasa con otros símbolos identificatorios de determinados colectivos o estratos sociales, ya sean nacionalistas o no nacionalistas, en un elemento unificador del colectivo, que le da cohesión y una imagen.
Desde el estalinismo del PCE en la guerra civil hasta el socioliberalismo de Tony Blair, pasando por el colaboracionismo de onGs y el nacionalismo pequeño burgués del que estoy hablando, la camaleónica social democracia ha adoptado mil y una forma. Obviamente no quiero decir con esto que todos los nacionalistas sean así. He conocido nacionalistas con verdadera conciencia anti capitalista, a quienes respeto y aprecio. Y ello a pesar de que personalmente no encuentro ninguna conexión necesaria entre el nacionalismo independentista y la lucha de la clase trabajadora. Pero al margen de este problema que no pretendo tratar aquí, tampoco apruebo, evidentemente, la medida de Camps de impedir las emisiones de TV3 en el País Valencià: Pretendía únicamente con estas líneas exponer las consideraciones que he hecho acerca de el falso carácter izquierdista que se supone a determinados medios de comunicación, culturales o políticos únicamente por tener una significación nacionalista en un determinado sentido. Por supuesto, no estoy en contra de las protestas realizadas en Valencia contra el cierre de las emisiones de TV3, medida que atenta claramente contra la libertad de expresión e informativa. Me gustaría, sin embargo, que, al igual que ha habido movilizaciones por parte de un sector de la izquierda valenciana contra esta medida practicada por el PP del País Valencia, las hubiera también contra el acoso, el sometimiento y la explotación que está sufriendo la clase trabajadora y la gente de a pie tanto en los PaïsosCatalans, como en el Estado español, como a nivel mundial.
Hace unas semanas, el día de la entrada en vigor de la reforma de las pensiones, un amigo me llamó desolado desde València. Mi amigo profesor, me contó que había intentado hablar de este hecho, algo con consecuencias tremendas para la clase trabajadora, con sus compañeros de trabajo y que absolutamente nadie había mostrado interés ni querido hablar del tema. Según me contó, la mayor preocupación política de sus compañeros era que en el instituto iban a recibir el diario El Mundo en vez de El País que estaban recibiendo hasta ese momento. Mucha de esta gente, nacionalistas o no, que critica la política reaccionaria y españolista del PP en València, no muestra, como en el caso de mi amigo o como yo mismo he experimentado también en algunas conversaciones, la más mínima preocupación por la situación de barbarie a nivel medioambiental, económico y humano a la que el capitalismo nos está conduciendo.
Si no se acompaña de una verdera conciencia de clase, dicotomizar la política entre las izquierdas y las derechas o entre nacionalismo centralista o periférico es hacerle el juego al sistema . A continuación reproduzco una carta de un escritor valenciano que está pululando por e-mail y que ha sido el motivo que me ha llevado a escribir esta líneas, que cada uno juzgue por sí mismo.







