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05/03/2022 :: País Valencià, Barcelona

Salvador Seguí, un luchador anarquista asesinado por la patronal

x Enric Llopis
CGT València dedica a 'El noi del sucre' una jornada del ciclo sobre Sindicalismo

Fue pintor, el oficio de toda su vida; y militante destacado de la CNT –dirigente anarcosindicalista-, de formación autodidacta.

A Salvador Seguí (1887-1923) se le conocía como El noi del sucre. Murió asesinado, el 10 de marzo de 1923, en el barrio del Raval de Barcelona, por pistoleros a sueldo de la patronal catalana (eran los tiempos –entre 1920 y 1922- en que Martínez Anido ejerció como Gobernador Civil de Barcelona, y la represión criminal, incluida la Ley de fugas, se encarnizó con el movimiento obrero).

La Fundación Salvador Seguí destaca la afinidad del revolucionario ácrata con el ideario –racionalista- de la Escuela Moderna de comienzos del siglo XX, fundada por el pedagogo libertario Francisco Ferrer Guardia. Además El noi del Sucre se acercó a los textos de filósofos como George Sorel, autor de Sindicalismo revolucionario, y también del geógrafo anarquista Elseo Reclus.

Ejerció influencia sobre Seguí el teórico anarquista, Pedro Kropotkin, defensor del apoyo mutuo; y se relacionó, por otra parte, con abogados laboralistas como Francesc Layret, republicano y catalanista, asesinado en 1920 en Barcelona por pistoleros a sueldo de los empresarios.

La Fundación subraya la importancia que Salvador Seguí otorgaba a la formación cultural y técnica del proletariado; por ejemplo, presidió el Ateneo Sindicalista de la calle Ponent de Barcelona –fundó la biblioteca en 1915-, que promovía el estudio de las ideas sindicalistas y anarquistas. Unos años antes, en 1907, estuvo entre los impulsores de la Unió Local de Societats Obreres de Barcelona-Solidaritat Obrera.

Celebrado en la biblioteca libertaria Ferrer i Guàrdia del sindicato, CGT-València dedicó una de las sesiones del ciclo sobre Sindicalismo, el 18 de febrero, a El noi del sucre (Salvador Seguí: el sindicalismo en los años 20); sobre el líder de la CNT catalana pronunció una conferencia el historiador, militante de la CGT, presidente de la Fundación Salvador Seguí y colaborador de Radio Klara, Emili Cortavitarte.

Cortavitarte escribió el prólogo del libro Escola de rebel·lia. Història d’un sindicalista (El Jonc, 2007), de Salvador Seguí (la novela breve Escuela de rebeldía fue publicada por primera vez en marzo de 1923, tres semanas después del asesinato de su autor).

“En 1916 (Salvador Seguí) inició las negociaciones para un pacto de unidad de acción entre la CNT y la UGT que convocó –de manera conjunta- una huelga general de 24 horas en diciembre”, explica la página Web de la Fundación. El motivo fue el alza en los precios de los productos básicos, en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

En el verano de 1917 sucede otra importante huelga general (revolucionaria) en el estado español, pocos meses después que comenzara la Revolución rusa. La represión del paro obrero se saldó con decenas de muertos, y centenares de heridos y detenidos (Salvador Seguí fue uno de los capturados: lo fue en más ocasiones).

Además en 1918 resultó elegido como secretario general de la CNT en Cataluña, en el Congreso de Sants. “En congresos posteriores –subraya la Fundación-, El noi del sucre se opuso junto a Ángel Pestaña y Joan Peiró a acciones más exaltadas llevadas a término por otros miembros de la CNT”.

Impulsada por la CNT, la huelga de La Canadiense (empresa Riegos y Fuerza del Ebro) se inició el 21 de febrero de 1919 y fue extendiéndose por toda esta empresa de distribución eléctrica. La dirección de la compañía se negó a hacer concesiones. De modo que el paro obrero se amplió –por solidaridad- a otras factorías con sede en Barcelona (eléctricas o del gas y agua) y la industria catalana. Se sucedían los apagones en la ciudad, ante un miedo creciente de los patrones: varios miles de obreros fueron detenidos, encarcelados o despedidos.

El conflicto de La Canadiense fue un ejemplo de victoria sindical. Se logró, a partir de marzo, la liberación de presos, las readmisiones en el puesto de trabajo, el diálogo con dirigentes cenetistas –como Salvador Seguí-, incrementos salariales para los obreros y la jornada laboral de ocho horas: el Estado español estuvo entre los primeros en acceder a esta medida.

Había finalizado la huelga y Seguí –ya en libertad (fue encarcelado en los primeros días de la huelga)- participó en una asamblea organizada por el Comité en la plaza de toros de Barcelona, ante 20.000 personas, para explicar el acuerdo.

La lucha de El noi del Sucre no terminó con esta huelga, de 44 días, una de las más relevantes en la Historia de España y Cataluña. Tuvo una actuación destacada en el congreso de la CNT celebrado, en diciembre de 1919, en el Teatro de la Comedia de Madrid. Allí “se opuso a la adhesión a la III Internacional por considerar que el modelo soviético no era el ejemplo de revolución social de la CNT, aunque ésta se supeditó a los informes de una comisión que visitaría la URSS”, recuerda Emili Cortavitarte en el prólogo de Escola de rebel·lia.

El historiador y miembro de Procés Embat añade que, en septiembre de 2020, Seguí negoció con el secretario general de la UGT, Largo Caballero, un acuerdo de unidad de acción sindical ante la represión de las fuerzas del orden de la que fue objeto, principalmente, la CNT; la violencia policial continuó tras la segunda huelga general en Cataluña, ante el incumplimiento de los acuerdos alcanzados en el conflicto de La canadiense.

En noviembre de 1920, Salvador Seguí fue detenido y deportado al castillo de la Mola en Mahón (Menorca), con Lluís Companys, el sindicalista Martí Barrera y otras 36 personas (permaneció en la citada prisión hasta 1922).

En el acto de la CGT, Emili Cortavitarte hace referencia al recopilatorio documental Salvador Seguí. El colós del anarquisme (Lo diable gros, 2021), cuya edición y prólogo es obra –respectivamente- de los historiadores Jordi Martí Font y Xavier Díez. El libro recoge los artículos, conferencias, ensayos, crónicas de mítines, entrevistas o cartas difundidas al público de Salvador Seguí Rubinat.

“Es uno de los grandes teóricos del anarcosindicalismo; fue un buen conocedor de la obra de Luigi Fabbri, Émile Pouget, Christiaan Cornelissen y sociólogos como Robert Michels”, subraya Xavier Diez. El pintor anarcosindicalista defendió, entre otras propuestas, que corresponde al sindicato –no al Estado- la dirección de la sociedad y de la economía; la idea del federalismo, y la de evitar que un partido “parasite” a las organizaciones obreras y las “asimile” en el sistema institucional.

Además tuvo dotes de gran orador y dirigente carismático, que apostó por el carácter sociopolítico de la CNT, subraya Emili Cortavitarte; de hecho, en el Pleno de Zaragoza, de 1922, con Joan Peiró, Ángel Pestaña y Josep Viadiu abogó por la intervención de la CNT en todo cuanto afectara a las condiciones de vida de la clase obrera.

Desde otra perspectiva, la del cómic, el diseñador gráfico e ilustrador Antonio Raya Rosas presentó –en el acto de CGT- Nubes negras. Una historia del pistolerismo en la Barcelona de 1920 (Trilita, 2020). El libro de viñetas cuenta la experiencia de Antonio, jornalero andaluz que emigra a Barcelona, una ciudad “rebelde” y “cosmopolita” donde el Gobierno y los patronos se enfrentan a la CNT. “No se resigna a la situación de humillación y servilismo que la sociedad le ha impuesto”, es el punto de partida.

Tras alejarse de los señoritos terratenientes, ¿qué situación esperaba al obrero migrante en la capital catalana? El proletariado no tenía derechos en la fábrica, la jornada laboral tampoco era menor de las 12 horas diarias, se percibían salarios escasos y afrontaban condiciones laborales insalubres, explica Antonio Raya.

“La CNT se convirtió en una esperanza para mejorar esa situación”, añade el ilustrador. Cooperativas, escuelas, ateneos y miles de afiliados validan esta apreciación. La respuesta del Gobierno y la patronal puede intuirse en el fotomontaje de la última página: una portada del periódico Solidaridad Obrera –periódico de la CNT surgido en 1907-, con una pistola en el centro; un gran titular en rojo –“Barcelona 1920”- y referencias a la huelga de La canadiense.
También a “un anarquista muerto por la policía”.

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