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Nacionales PP.Catalans :: 23/06/2006

Sobre el referéndum del Estatuto de Catalunya: Hablan de éxito rotundo, pero ha resultado un fiasco

Corriente Roja
El desarrollo y la gestión del nuevo Estatut será a costa de estas aspiraciones sociales y nacionales.

1.- Con expresiones como "victoria rotunda" e "inapelable", los gobernantes y dirigentes partidarios del sí -de Zapatero a Montilla y de Maragall a Mas-nos quieren convencer de que el Estatuto ha recibido un amplio apoyo del pueblo catalán. Pero no es verdad: El Estatuto ha sido aprobado con la abstención de más de la mitad del censo y los votos favorables (el 74%) sólo representan el 36% del electorado. Después de un largo proceso estatutario de más de dos años y de una campaña agobiante a favor del sí, este resultado sólo se puede calificar de fracaso. El voto del sí ha sido, además, un voto resignado y en muchos casos crítico, más motivado por el deseo de castigar al PP, el partido de los herederos del franquismo, que por el entusiasmo hacia el Estatuto y sus defensores.

2.- La falta de identificación popular con el Estatuto se ha expresado sobre todo a través de la abstención. Esta ha sido la respuesta de una mayoría social que ha visto como se negociaba a su espalda un Estatuto que nunca ha visto como una herramienta para mejorar sus condiciones de vida. No es casual que la abstención más elevada se haya dado entre la juventud y en el cinturón industrial de Barcelona, de composición mayoritariamente obrera.

3.- Este Estatuto representa la renovación del pacto territorial entre el Estado Español y la burguesía catalana, un pacto basado -no hace falta decirlo- en la negación del derecho de Catalunya a la autodeterminación. Zapatero necesitaba renovar los pactos de la Transición con la burguesía catalana, fuertemente deteriorados en la última etapa de Aznar. Y la burguesía catalana reclamaba con insistencia un lugar más confortable dentro del capitalismo español. El nuevo Estatuto pactado (que desnaturaliza el ya descafeinado proyecto estatutario aprobado por el Parlament el 30 de septiembre) es una nueva versión del Estatuto de 1979, con un cierto incremento competencial y la promesa de una mejor financiación. Representa, como el anterior, una burla a las aspiraciones nacionales catalanas y a las reivindicaciones de la Catalunya trabajadora.

4.- Zapatero ha renovado como quería la alianza con la burguesía catalana y Mas, como representante político de ésta, ya puede encarar con viento a favor el regreso al gobierno de la Generalitat. El coste ha sido, sin embargo, muy elevado: la deslegitimación popular de la operación. Sólo hace falta comparar el apoyo electoral del actual Estatuto (el 36% de l"electorado) con el del Estatuto de 1979 (el 52%).

5.- Los resultados del referéndum tampoco han favorecido nada al PP, que ha salido bien escaldado de la campaña estatutaria y en particular del referéndum. Su fuga oprobiosa del mercado de Collblanch, a L"Hospitalet, expresa mejor que mil palabras el profundo rechazo popular que s"han ganado a polos los herederos de Franco, reducidos a una fuerza residual en Catalunya. Del mismo modo, han mostrado ante todo l"estado el carácter abiertamente reaccionario de su política.

6.- ERC sale mal parada del referéndum. Moviéndose en la contradicción entre seguir siendo un partido de gobierno "sensato y responsable" y la presión de sus bases, el resultado final del No ha mostrado la falta de convicción de sus principales dirigentes. En lugar de articular el fuerte movimiento autodeterminista contrario al Estatut que se manifestó el 18 de febrero, la dirección de ERC ha intentado monopolizarlo electoralmente. Ahora, si es que puede, la dirección de ERC intentará olvidar lo más rápidamente posible este desagradable episodio y volver a postularse como integrante de un futuro gobierno social-liberal de la Generalitat, comprometido con la gestión del nuevo Estatuto.

7.- La izquierda anticapitalista y partidaria del derecho de autodeterminación, todavía débil, no ha sabido marcar distancias respeto a ERC, ni definir con claridad una política que vinculara las reivindicaciones nacionales con las reivindicaciones de la juventud y de la clase trabajadora y que dejara claro que la libertad nacional catalana no cabe dentro la Constitución monárquica.

8.- El estatuto nace raquítico. Zapatero, Maragall y Mas dicen que aportará progreso al país y un largo período de estabilidad en las relaciones entre Catalunya y el Estado Español. Pero el pobre apoyo recibido deja bien claro que no satisface las aspiraciones sociales y nacionales del pueblo catalán: ni las de las sector populares catalanistas, ni las de la juventud y la clase trabajadora. Si el Estatut hubiera planteado reivindicaciones como la jornada de 35 horas semanales sin reducción salarial, el Salario Mínimo neto de 1.000 euros, la pensión mínima de 600 euros, la garantía de empleo o prestación de desempleo equivalente a un salario mínimo digno, el derecho a una vivienda digna con un coste máximo del 20% del salario las colas por ir votar habrían sido noticia por todas partes. El desarrollo y la gestión del nuevo Estatut será a costa de estas aspiraciones sociales y nacionales. Hace falta, pues, continuar impulsando un movimiento que, desde la vinculación a las luchas sociales y por los derechos democráticos, pueda ir avanzando como alternativa, republicana y de clase, a las políticas social-liberales y contrarias a los derechos nacionales.

AUTODETERMINACIóN, REPÚBLICA, SOCIALISMO

Barcelona, 20 de junio de 2006.

correntroja@telefonica.net www.corrienteroja.net

 

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