La izquierda sindical ante la ola de despidos

Los planes de cierre más destacados son de escándalo. Como Nissan, una multinacional que siempre ha tenido beneficios y se ha embolsado 43 millones de subvenciones en sólo tres años. Ahora quiere echar a la calle a 1680, amenaza la continuidad de la fábrica y provoca 4000 despidos en las auxiliares. O como Frigo (multinacional Unilever), Simon o T-Systems (Deutsche Telekom).
El Tripartito catalán -mostrando a quién sirve- dice que mirará los expedientes “con lupa” y que los despidos serán “proporcionados”. Reclama a las empresas cualquier cosa que se parezca a un “plan industrial” para, mano a mano con la burocracia sindical, forzar a los trabajadores a aceptar despidos. Un guión ya visto en Samsung, Mercedes, SEAT...
Ante la ola de despidos, lo primero es dejar claro el rechazo del ERE. Así lo plantean delegados/as de 11 empresas catalanas en conflicto: “Llamamos a gritar todos juntos ¡No a los EREs! y a exigir a la Generalitat que no acepte ningún despido y eche los ERE para atrás”.
De la misma manera, este grupo de delegados llama a que “el protagonismo lo tomen las asambleas de trabajadores (…) Los sindicatos deben someterse a las decisiones de los trabajadores y no éstos a las cúpulas sindicales. ¡Que nadie decida por ti!”. La única manera de asegurar la unidad de los trabajadores es respetando los acuerdos de la asamblea, que debe decidir sobre todos los puntos importantes. El comité de empresa no puede sustituir a la asamblea ni decidir en su nombre. Sólo debe actuar como su portavoz. Esto es lo que hicieron los compañeros/as de Frape y están haciendo ahora en Simon.
Pero la regla estos años ha sido que los burócratas de las Federaciones negociaran por arriba, sin ningún control desde abajo. Entretenían, mientras tanto, a los trabajadores con movilizaciones controladas y aisladas entre sí, que acababan desgastándolos y desmoralizándolos, para al final, “cuando ya no hay salida, poner a votar un acuerdo ‘o lo tomas o lo dejas’”.
La izquierda sindical no debe confundir la unidad de los trabajadores con la unidad del comité. La unidad sólo puede tener como base la asamblea. Si no se hace así, estará atada de pies y manos y sólo le quedará el triste papel de saltar del camión cuando esté a punto de despeñarse y hacer críticas estériles a la burocracia por su traición.
La gravedad de la situación obliga a la izquierda sindical a dejar de lado arraigados sectarismos de estos años. Hay que unir todas las fuerzas y ponerlas al servicio de la movilización, para romper el control de la burocracia de CCOO y UGT y abrir una salida. Hay que responder sin reservas al llamamiento de delegados catalanes a “coordinar las luchas desde abajo y a presentar una respuesta unificada”. La izquierda sindical debe apoyar esta coordinación y darle el mayor protagonismo.
Frente a la burocracia entreguista de CCOO y UGT que no quiere ni oír hablar de huelga general, el llamamiento de los delegados catalanes es claro: “No hay excusas para no lanzar ya la convocatoria una Huelga General en Cataluña, para dejar claro ante la patronal y la Administración que la clase trabajadora nos solidarizamos con los compañeros/as afectados por los despidos y estamos dispuestos a luchar firme para defender colectivamente nuestros derechos”.
Publicado en A Luchar por el Socialismo n.º 49
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