[Vídeo] Liberada plaza y huerto-jardín popular

Desde hace mucho tiempo se toman decisiones por nosotros pero sin nosotros. Nosotros, los muchos, los que trabajamos, los que producimos y pagamos las crisis que ellos provocan. Ellos, los pocos, los que comerciaron con nuestro tiempo, los que diseñaron nuestras calles como si fueran maquetas, donde nadie habla con nadie, donde circulamos solos, con prisa; de casa al trabajo, del trabajo al centro comercial, y vuelta a empezar. Pero ese mundo que nosotros no elegimos, a ellos, los pocos, tampoco les pertenece.
Es hora de construir nuestro mundo.
Vídeo propuesta idea original:
Manifiesto Tomalaciudad
Desde hace mucho tiempo se toman decisiones por nosotros pero sin nosotros.
En el pasado existieron espacios colectivos, donde la gente convivía y decidía de entre iguales, cultivaba el diálogo, la cooperación fraternal y el trabajo por el interés común.
En la actualidad hipotecaron nuestras vidas a un sistema político y económico que nos ha empobrecido y nos ha vuelto más dependientes; llamaron libertad a la irresponsabilidad política de poner en manos ajenas las cosas que nos atañen. Nos educaron en un punto de vista infantil y egoísta, articulando la sociedad en compartimentos estancos donde rige la competitividad y el mutuo recelo en lugar de la colaboración y el respeto. Éramos pueblo y nos hicieron público, dejamos de ser actores para convertirnos en tristes espectadores de unas vidas dirigidas desde arriba.
Así, el diseño de nuestras ciudades es también una cuestión puramente política. El ordenamiento de los jardines, cercados por vallas, cerrados de noche. Las flores alineadas como adoquines, los setos recortados cual muros. El espacio urbano fue pensado para el tránsito mudo de coches, personas y mercancías; el decorado es estéril y la circulación jamás se detiene. Porque si nos paramos, el orden peligra.
Hemos comprobado que la manera de producir empresarial o estatal, no responde ni a nuestros deseos ni a nuestras necesidades, genera estructuras corruptas e injustas y es sumamente perjudicial al medio ambiente.
¿Qué pasaría si empezáramos a gestionar el mundo nosotros, desde abajo, de otra manera?
Imaginemos, por ejemplo, una ciudad distinta, más natural. Donde en lugar de tanto asfalto, adoquines y jardines estériles, sembráramos aromáticas o plantas de las que extraer remedios naturales. Donde en lugar de parques decorativos, tuviéramos árboles frutales y huertos ecológicos, cuidados entre todos, juntos, niños y adultos, ancianos y jóvenes.
Qué pasaría si en lugar de mantener un sector público estatal, altamente costoso y muchas veces ineficiente, construyéramos una red de servicios populares, autónomos, donde el trabajo que los sustente se decida en las asambleas y no de acuerdo a los intereses de unos pocos. Donde cada uno aporte como pueda aportar y donde pueda aportar. Donde nos desarrollemos de un modo completo como personas, tanto para dar como para recibir, y no siendo sólo pasivos consumidores.
No resulta tan difícil de imaginar si tenemos en cuenta que los servicios sociales estatales están sufriendo recortes constantes, y que el modelo de Estado de Bienestar no resulta viable según la endeudada coyuntura económica.
Hoy además nuestras calles rebosan de lugares cerrados: casas vacías, solares desocupados, edificios por terminar. Empezamos a ver las ruinas que muestran el estado decadente de una sociedad en crisis. Una sociedad que nosotros no elegimos, pero que pagamos con creces. Por eso, tomaremos aquellos espacios en desuso, anteriormente usurpados por la lógica de beneficios privados y pérdidas públicas, dándoles nuevos usos de acuerdo a los intereses de todos. Por tanto, os invitamos a todos a ser partícipes de la nueva sociedad que está por construir en dichos lugares.
No hemos venido para hacer una reivindicación abstracta, no basta con indignarse, estamos aquí para encontrarnos, habitar el espacio y tomar la vida en nuestras manos. Somos los habitantes, no los meros transeúntes, de un mundo que es nuestro hogar, y reconstruirlo es nuestra responsabilidad.
Nuestra fuerza se medirá en lo que hagamos, que además será ejemplo de todo aquello que podemos llegar a hacer. Pues bien, hagámoslo y no esperemos más.
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[Català]
Manifest Tomalaciudad
Desde fa molt de temps es prenen decisions per nosaltres però sense nosaltres.
En el passat van existir espais col·lectius, on la gent convivia i decidia d’entre iguals, llaurava el diàleg, la cooperación fraternal i el treball per l’interès comú.
En l’actualitat hipotecaren les nostres vides a un sistema polític i econòmic que ens ha empobrit i ens ha tornat més depenents; van anomenar llibertat a la irresponsabilitat política de possar en mans alienes les coses que ens afecten. Ens van educar en un punt de vista infantil i egoista, articulant la societat en compartiments estancats on regeixen la competitivitat i el mutu recel en lloc de la col·laboració i el respecte. Erem poble i ens van fer públic, deixam de ser actor per convertir-nos en tristos espectadors d’unes vides dirigides des d’adalt.
Així, el disseny de les nostres ciutats és també una questió puramente política. L’ordenament dels jardins, propers a les tanques, tancats de nit. Les flors alineades com llambordes, els matolls retallats com murs. L’espai urbà fou pensat per al trànsit mut de cotxes, persones i mercaderies; el decorat és estèril i la circulación mai es deté. Perque si ens aturem, l’ordre perilla.
Hem comprovat que la manera de produïr empresarial o estatal, no respon ni als postres desitjos ni a les nostres necessitats, genera estructures corruptes i injustes i és sumament perjudicial al medi ambient.
¿Què pasaria si començacim a gestionar el món nosaltres, des d’abaix, d’altra manera?
Imaginem, per exemple, una ciutat diferent, més natural. On en lloc de tant de ciment, llambordes i jardins estèrils, sembrasim aromàtiques o plantes de les que extreure remeis naturals. On en lloc de parcs decoratius, hi hagués arbres frutals i horts ecològics, els quals, entre totes, junts, nins, adults, persones majors i joves hi tenguesim cura.
Què pasaria si en lloc de mantenir un sector públic estatal, altamente costós i moltes vegades ineficient, construisim una xarxa de serveis populars, autònoms, on el treball que els sustenti es decideixi en assemblees i no d’acord als interessos d’uns pocs. On cada una aporti com pugui aportar i on pugui aportar. On ens desenvolupem d’una manera completa com a persones, tant per donar com per rebre, i no essent passius consumidors.
No resulta tan difícil d’imaginar si tenim en compte que els serveis socials estatals estàn sofrint retallades, i que el model de l’Estat de Benestar no resulta viable segons l’endeutada conjuntura econòmica.
Avui a més els nostres carrers rebosen de llocs tancats: cases buides, solars desocupats, edificis per acabar. Comencem a veure les runes que mostren l’estat decadent d’una societat en crisis. Una societat que nosaltres no triem, pero que paguem i patim. Per això, prendrem aquells espais en desús, anteriorment usurpats per la lògica dels beneficis privats i pèrdues públiques, donant-lis nous usos d’acord als interessos de totes. Per tant, us convidem a totes a ser partíceps de la nova societat que està per construir en aquests llocs.
No hem vengut per fer una reivindicació abstracta, no basta amb indignar-se, estem aquí per trobar-nos, habitar l’espai i prendre la vida en les nostres mans. Som els habitants, no tan sols transeunts, d’un món que es la nostra llar, i reconstruir-lo és la nostra responsabilitat.
La nostra força es mesurarà en el que facem, que a més sirà exemple de tot allò que poguem arribar a fer. Doncs bé, facem-ho i no esperem més.







